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Pequeño observatorio

Mano sujetando una brújula en el camino.

123RF

Una dosis estimulante de equivocarnos

Josep Maria Espinàs

Afortunadamente los caminos de la vida son imprevisibles. No somos el perro que siempre sigue al dueño

Si no me equivoco, voy camino de hacer noventa y tres años: Lo pondré en cifras, que quizá hace más efecto: 93. De acuerdo, es una edad escandalosa pero yo no tengo ninguna culpa. Diría que, al contrario: a menudo he estado imprudente. Y aún lo soy según los cánones de la vida sana. Pero nunca he sido un devoto de las generalizaciones.

A lo largo de tantos años he visto todo tipo de personas. Tímidas y audaces, gente alegre y gente siempre entristecida. Nunca he sabido todavía porque.

Hay hechos que son estimulantes y hechos que derrotan. En algunos casos se puede saber el origen de la tristeza o de la alegría. A menudo son sentimientos que llegan y se van. Me parece que es en Castilla que se dice "cada uno con su pena", y si no es así la idea está clara: hay penas y tristezas para todos. ¿Pero acaso no hay también algunas alegrías, grandes y pequeñas?

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En algún momento es posible que nos aparezca una especie de niebla que no nos permita ver el horizonte. Quizá esta niebla la fabricamos nosotros mismos cuando nos vamos equivocando en repetidos momentos de la vida.

La vida es una fuerza muy activa pero no tiene patrón. La vida es una especie de planta que se tiene que ir regando continuamente. A menudo no tenemos suficiente paciencia y nos agobiamos buscando el éxito. Pero el éxito más extraordinario es lo que conseguimos sin querer. Afortunadamente los caminos de la vida son imprevisibles. No somos el perro que siempre sigue al dueño. Tenemos la dosis necesaria de libertad. Y la dosis estimulante de equivocarnos.