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Santos Juliá, en una imagen del 2014.

JUAN MANUEL PRATS

Santos Juliá: de Manuel Azaña al PSOE pasando por la transición

Andreu Mayayo

Del Valle de los Caídos opinaba que la única resignificación posible son sus ruinas

"Del Caudillo, ¡no!". De esta manera, tajante, interrumpía al presentador de turno cuando mencionaba su lugar de nacimiento: El Ferrol del Caudillo (1940). El destino, no universal sino terrenal, ha hecho coincidir el entierro de Santos Juliá Díaz con la exhumación de otro famoso ferrolano, el general Francisco Franco, quien no solo adjetivó una larga dictadura sino la ciudad donde también habían nacido, entre otros muchos, Pablo Iglesias (el padre fundador del PSOE) y Concepción Arenal, la pionera del feminismo en España.

Gallego de nacimiento pero sevillano de formación y sacerdote de vocación, tras licenciarse en Teología en la Universidad de Salamanca. En la parroquia del Polígono Sur de la capital andaluza Santos Juliá dio cobertura a las reuniones de las incipientes Comisiones Obreras del metal y abrazó la nueva fe en el marxismo. En un principio incluso de aquel marxismo maoísta puesto de moda por el Mayo del 68. De formación académica sociológica, tuvo al historiador Ramon Carande como punto de referencia intelectual y moral, que lo ligó a la cultura cívico-política de la Institución Libre de Enseñanza. Su vida profesional dio un vuelco con la obtención en 1974 de una beca Fullbrigth que le abrió las puertas de la universidad de Stanford y, sobre todo, del Instituto Hoover, donde se encontraba depositada la biblioteca de Burnett Bolloten. A pesar del anticomunismo visceral del periodista británico, Santos Juliá pudo realizar su gran inmersión en el periodo de la Segunda República y la guerra civil al que dedicó sus primeros años como investigador. De aquí su canónica biografía de Manuel Azaña (1990, ampliada y corregida en el 2008) y la edición de las obras completas en diversos volúmenes. Para Santos Juliá, Azaña no fue un fracasado sino el reformador que necesitaba España y que fue derrotado y vilipendiado por la barbarie franquista. Antes de que Paul Preston intentara una síntesis del «holocausto español», Santos Juliá publicó en 1999 primer balance cuantitativo de las víctimas mortales de la guerra civil con la ayuda de los pioneros catalanes Josep M. Solé Sabaté y Joan Villarroya y el aragonés Julián Casanova.

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A pesar de desarrollar su actividad académica como catedrático de Historia Social y de Pensamiento Político en la UNED, Santos Juliá siempre se consideró un historiador, interesado en la política y en las ideas, que sabía diferenciar la Historia (artífice de la Transición) de la Memoria (una de las responsables de los desaguisados actuales). Un intelectual comprometido, calificado por algunos como un intelectual orgánico del PSOE, que no se mordía la lengua en sus críticas de libros y artículos de opinión.

Su opinión sobre el Valle de los Caídos nos viene como anillo al dedo: «La única resignificación son sus ruinas, ya que se trata de un monumento a la Victoria y al triunfo de la Cruzada. El Valle de los Caídos nunca podrá ser un lugar de reconciliación: el monumento puede venirse abajo, y cuando lo haga, habrá resignificado que aquello fue una ruina».