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Dos miradas

El presidente en funciones, Pedro Sánchez, durante su visita a Barcelona, este lunes. 

JON NAZCA/ REUTERS. VIDEO CEDIDO POR EL GOBIERNO

Se precisa una seria asunción de responsabilidades -de todos- y no la práctica entusiasta y lóbrega de la trinchera

Asistimos atónitos a la correspondencia como si fuéramos los espectadores de una escenificación. De hecho, lo somos. Pero no podemos salir del teatro a pesar de la mediocre actuación de los actores. De hecho, vivimos en el teatro. La 'performance', en algunos casos, está muy cerca del ridículo, como la sorpresa ficcionada de Torra ante el anuncio de la falta de voluntad de diálogo. La teatralización del momento (más propia de una recreación humorística que de un documento histórico) es un triste favor a la credibilidad del 'president'.

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Sánchez, por su lado, vuelve a hablar con la filosofía subyacente de los "ellos" y los "nosotros", es decir, certifica una política de bandos. No solo en las declaraciones, sino también en las visitas a los policías en los hospitales, que se incluyen en otra escenificación próxima a la propaganda casi bélica. La violencia no es el camino, pero tampoco lo es el dibujo premeditado de un universo donde parece que no existan (¡y existen!) otras víctimas, las de los excesos policiales o de la arbitraria y pertinaz represión. Se precisa una seria asunción de responsabilidades -de todos- y no la práctica entusiasta y lóbrega de la trinchera.