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Sánchez se prepara para que la crisis catalana se "cronifique"

"Estamos poniendo en cintura a los violentos", defiende el líder socialista en su primer mitin tras la sentencia

El PSOE teme que el PP rentabilice el conflicto y el Gobierno confía en el voto moderado el 10-N

Iolanda Mármol / Juan Ruiz Sierra

El presidente en funciones, Pedro Sánchez, durante su visita a Barcelona, este lunes.  / JON NAZCA/ REUTERS. VIDEO CEDIDO POR EL GOBIERNO

El Gobierno considera que la crisis abierta en Catalunya tras la sentencia del 1-O puede dar paso a una nueva etapa, pero el espíritu de ese próximo ciclo no está escrito, sino que dependerá de cómo se afronte este periodo de convulsión social y política desde Madrid y desde Barcelona. El Ejecutivo ha asumido que las fuerzas independentistas, en su lucha por la hegemonía, tratarán de alimentar el impacto emocional que para millones de catalanes tienen las penas de cárcel a los líderes del ‘procés’ y conducirlo hacia la confrontación. Si a partir de ahora se imponen las movilizaciones pacíficas o vuelven los episodios de violencia está por ver, pero han llegado a la conclusión de que hay un riesgo cierto de que el conflicto lejos de amainar se cronifique.

Para salir de este escenario, sostienen, serán necesarias elecciones generales y catalanas que clarifiquen a los protagonistas. En el corto plazo, la Moncloa sabe que Catalunya va a sacudir el voto del 10 de noviembre. Hacia dónde es la gran incertidumbre. Ante la duda, Sánchez prevé intensificar su agenda en Catalunya en la recta final de la campaña electoral. Fuera, intensifica su azote al independentismo. “Estamos arreglando España” “estamos poniendo en cintura a los violentos” fue el mensaje que dejó en su primer mitin tras la sentencia, este lunes en Ciudad Real.

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Fue un día largo. Cuando el presidente llegó a Barcelona, por la mañana y por sorpresa, la ciudad llevaba dos noches sin incidentes de gravedad, pero aún así, se encontró con las protestas de los independentistas persiguiéndole a pie de calle. Estrechó las manos de los mandos policiales a quienes agradeció su “profesionalidad”, pero también recibió abucheos e insultos de un grupo de personal del Hospital Sant Pau, donde visitó al agente herido de gravedad tras saludar a otros efectivos ingresados en el Sagrat Cor. A los cuadros policiales, reunidos en la Jefatura Superior de Policía, les admitió que el conflicto va para largo. “La crisis no ha acabado. Tenemos que persistir, ellos probablemente quieran persistir, cronificar esta crisis. Nosotros somos mucho más resistentes”, señaló.

La Moncloa considera que el eslabón débil en la reacción a la sentencia es Quim Torra, a quien ven “cada día más aislado”, en una situación que consideran “insostenible”. Creen que su insistencia por reunirse con Sánchez es solo una cortina de humo para ocultar su debilidad. El jefe del Ejecutivo no contempló ni un segundo la posibilidad de entrevistarse con él. Antes de volar hacia la capital catalana ya le había advertido por carta que sin condenar de forma tajante la violencia, sin respaldar a todos los cuerpos de seguridad y sin actuar como ‘president’ de todos los catalanes no iba a sentarse a dialogar. La misiva llegaba después de la enviada por el líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, que le exigió esa misma contundencia antes de reunirse con los grupos políticos del Parlament o retomar la labor del Espacio para el Diálogo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a Via Laietana.

Incertidumbre electoral

Sánchez había recibido numerosas advertencias en contra de repetir los comicios justo después de la sentencia del ‘procés’. Varios barones y dirigentes históricos del PSOE le transmitieron su preocupación. También miembros de otros partidos, como Gabriel Rufián, avisaron de que las posibilidades de alcanzar un entendimiento con Podemos y ERC serían mucho menores tras las condenas a los líderes independentistas.

Los argumentos no hicieron mella en Sánchez, convencido de que la incertidumbre territorial, el ‘brexit’ y el enfriamiento económico, beneficiarían al PSOE, por la centralidad que supone estar en el Gobierno ante una panorama repleto de “amenazas”.

Ahora, en cambio, son muchos los dirigentes que muestran su preocupación por el coste electoral que el conflicto independentista puede tener para los socialistas. Todos comparten la respuesta “moderada” de Sánchez, rechazando por el momento tomar medidas extraordinarias, pero temen que si la crisis se enquista, el PP se beneficie en las urnas. Porque este, recuerda un líder territorial, “es un escenario en el que la derecha se mueve mejor”.

Los colaboradores de Sánchez, mientras tanto, dicen estar tranquilos. Creen que los votantes acabarán valorando la “proporcionalidad”, confían en que la violencia vaya a menos e insisten en que PP, Cs y Vox no sumarán en ningún caso el 10-N. La hipótesis con la que trabajan sigue siendo la abstención de Casado.