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Al contrataque

"Feliz cumpleaños, pequeña", le dije mientras la acariciaba. Era 1 de octubre, el cumpleaños de mi perra, Patum. No hay que olvidar nunca las efemérides importantes

En casa, el 1 de octubre es un día muy importante. Más para mí que para mis hijos, que como todavía son jóvenes no entienden ni valoran demasiado los aniversarios. Solo los viejos celebran el paso del tiempo, para los jóvenes el tiempo no pasa, es suyo, lo tienen en su mano, como un juguete.

Este año era laborable y todos trabajamos e hicimos vida normal. Hacía un día espléndido en Barcelona, el verano se resiste a marchar y remolonea, y el otoño, ese señor con traje de franela marrón y sombrero que durante mi infancia me acompañaba al colegio y campaba a sus anchas por la ciudad, casi ha desaparecido. Las hojas apenas tienen tiempo de amarillear, toda una gama de colores se ha ido difuminando, ahora los magníficos árboles de Barcelona están casi siempre verdes.

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En días así, de verano en medio de otra estación, al salir a la calle, los barceloneses levantamos la nariz hacia el cielo y murmuramos: ¡Qué ciudad tan maravillosa!

Estuve leyendo durante un rato, salí a comprar el pan y luego me puse a escribir como cada día desde hace unos meses. Escribir es un trabajo de oficina. Quien piense que una novela es fruto de la inspiración debería ponerse a escribir una. Los innumerables problemas que surgen a la hora de intentar contar algo solo se resuelven sentándose al escritorio y trabajando. Lo de tener una novela entera en la cabeza es falso y no significa nada.

Jamón en dulce o bombones

Mi hijo pequeño se marchó al colegio después de desayunar, acaba de empezar la ESO, es el primer año que le dejo ir solo caminado al colegio después de pasarnos el verano entero negociando. El mayor siempre sale tempranísimo hacia la universidad, está en tercero de Ingeniería. Los días anteriores habíamos estado hablando de cómo celebraríamos el 1 de octubre. Yo quería comprar jamón en dulce y mezclarlo con el arroz, me parecía lo más festivo. Héctor sugirió comprar algo para jugar.  

En los diarios y las televisiones temían que hubiese altercados, pero yo ya sabía que no los habría. El tiempo pasa más deprisa para los ciudadanos que para los políticos y nosotros, la mayoría, ya estamos (de momento) en otra historia. A veces los veo explicarse, repetirse y contradecirse por la tele y pienso: “¿Esto de cuándo es? ¿De hace dos años o de ayer?”

Tal vez podía comprar bombones, pero tenían tanto azúcar... Por la tarde tuve una reunión de trabajo y fui a yoga. Al llegar a casa, exclamé: “¡Patum!”, me puse en cuclillas y abrí el paquetito de jamón en dulce. Patum acudió dando saltos y moviendo la cola, impaciente, mientras se relamía. “Feliz cumpleaños, pequeña” le dije mientras la acariciaba. Era 1 de octubre, el cumpleaños de Patum. No hay que olvidar nunca las efemérides importantes.

Temas: Otoño