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Al contrataque

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, antes de su reunión del pasado 9 de julio.

EFE / JUAN CARLOS HIDALGO

Izquierda pata negra

Olga Merino

Cuidado con la estrategia de de perdidos, al río, pues ya se sabe que las urnas las carga el diablo, y el PP ya anda haciéndole guiños a Vox

Cuentan las crónicas que, en los meses previos al estallido de la guerra civil, los camareros afiliados a la CNT, en lucha por una mejora salarial y la abolición de las “indignas” propinas, se liaron a puñetazos más de una vez con sus colegas sindicados en la UGT, tanto en Barcelona como en Madrid. También hubo palos a manta en los mítines socialistas de entonces entre partidarios de Indalecio Prieto y Largo Caballero por las discrepancias de si participar o no en los gobiernos republicanos, considerados burgueses: los caballeristas tildaban al primero de “traidor” y “colaboracionista” por aspirar al pacto, mientras que a Largo Caballero se le acusó de “ambición personal” y “revolucionarismo infantil”. Así pues, como bien señaló el hispanista Raymond Carr, más que la “conjura roja” que pregonaba la propaganda de los generales, lo que los sectores izquierdistas desplegaban en julio de 1936 era “una incoherencia caótica”. En un bucle más viejo que la tos, la izquierda española adolece de una tendencia endémica a la división y al cainismo, a la pugna estéril por ver quién tiene la pata más negra, el jabugo moral, las cinco jotas de la pureza ideológica, cuando en ciertos momentos, como aquel, el pragmatismo debería imponerse por su propio peso.

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Y en esas estamos, salvando las enormes distancias. Pedro, Pablo y los ritornelos en la historia de su desamor; ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio. Sánchez e Iglesias, cuya desconfianza mutua se mide por capazos, no se tragan. Les sobran los motivos, desde luego. El líder socialista, con el mentón en alto, trató con demasiada arrogancia al jefe de filas de los podemitas, dando por hecho el 'sí, quiero', mientras que la formación morada parece seguir viviendo en el país de Nunca Jamás, pues tras el tortazo electoral, con 42 escaños, no es de cajón andar reclamando una vicepresidencia y tres ministerios. ¿Serán capaces de cavar un cortafuegos en 30 días? ¿O iremos a elecciones? Cuidado con la estrategia de de perdidos, al río, pues ya se sabe que las urnas las carga el diablo, y el PP ya anda haciéndole guiños a Vox para evitar la “fragmentación letal”.

Con Alemania en posible recesión, el ‘brexit’ a las puertas y la sentencia sobre el ‘procés’ al caer, esta interinidad no favorece a nadie. Un poco de ‘realpolitik’, por favor. Cuando la alternativa es una cucharada de purgante, resulta preferible comer chóped que jamón para gurmets.