23 sep 2020

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Lecturas estivales

Eduardo Mendoza, este martes durante la presentación de la novela ’El rey recibe’.

RICARD FADRIQUE

Libros que me acompañan

Carles Sans

Algunos libros me atrapan tanto que ha de ser la vista y el cansancio quienes me obliguen a cerrarlos

Mis vacaciones las baso principalmente en cuatro cosas: compartir horas muertas de conversación con buenos amigos, dormir sin que la mala conciencia me dicte cuándo es tarde o cuándo no, saltarme las normas nutricionales que me impongo durante el año y leer todos los libros acumulados durante el invierno y que ahora devoro a todas horas. Algunos libros me atrapan tanto que ha de ser la vista y el cansancio quienes me obliguen a cerrarlos; sin embargo, hay otros que a las pocas páginas me decepcionan, los encuentro aburridos y los dejo partidos con el punto por su mitad, o incluso bastante antes.

Llevo unos días de descanso y han caído ya algunos títulos. Solo corrijo mi devoción por el ensayo con alguna que otra novela que creo que me va a gustar. Este año son solamente dos: 'El rey recibe', de Eduardo Mendoza, autor del que me lo he leído todo, o casi, y 'Parte de la felicidad que traes', de Joan Cañete Bayle, una historia de cuatro mujeres que coinciden en la UCI pediátrica de un hospital y que comparten sus alegrías, sus decepciones, sus silencios y secretos.

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He terminado un breve ensayo de J. M. Martí Font, llamado 'Barcelona-Madrid, decadencia y auge. Un estudio sobre dos modelos de ciudad que siempre han estado en la pugna por ganar la batalla económica, cultural y turística, y en la que, según el interesantísimo análisis de este libro, desde los años noventa y sus gloriosos Juegos Olímpicos, Barcelona va perdiendo sus apuestas. Un triste informe para aquellos que amamos Barcelona y vemos con estupor que quienes a día de hoy han de administrarla siguen increpándose unos a otros por no saber ganar o no saber perder unas elecciones. Martí Font nos cuenta que mientras Madrid se expande territorialmente hablando, Barcelona se agota, o que de las 250 mayores empresas del país 200 tienen su sede en la capital, mientras que en los años 80 solo las tenían cincuenta de ellas. Léanselo si quieren descubrir que no todo es oro lo que intentan hacer relucir algunos que dicen que aquí no pasa nada.