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Peccata minuta

Ambiente en la plaza de Sant Jaume antes del pleno de investidura en el Ayuntamiento de Barcelona.

XABIER BARRENA

Un gran tipo

Joan Ollé

Mi colega progre es un tipo estupendo que cree que todo aquel que no piense como él es fascista

Mi colega progre es un tipo estupendo que cree que todo aquel que no piense como él es fascista, palabra que aplica indistintamente al muy amplio 'pantone' que va del PSOE-PSC hasta Vox. Y ahora, con el 'bonus track' de Valls a Colau, Barcelona en Comú también lo es y mucho. Mi colega es un hombre de principios, convencidísimo de que si «ganasen los vuestros» le delataríamos e incluso podría morir de un tiro en cualquier oscura esquina. Insisto: me resulta una persona de trato afabilísimo y gran sentido común y del humor siempre que no aparezca «el tema».

En las últimas elecciones (¿?) votó a Colau, y a los cinco minutos ya estaba en la plaza de Sant Jaume gritando ferozmente contra ella y contra sí mismo. ¿No la querías como alcaldesa? ¡Sí, pero sin los traidores sociatas y el nazi Valls! He intentado explicarle que la democracia va de aritmética y no tiene más ventajas que las propias, que no son pocas, y que los partidos más votados podrían cambiar sus reglas si así lo desearan: la ley de Hondt; que la lista más votada se hiciese cargo de la institución en juego; que la política de pactos fuese sometida a una segunda vuelta; que se reformase la Constitución... Y entonces él va y se arranca, crecidísimo, con la Llei de Transitorietat Jurídica, los heridos del 1-0, el 155 acatadísimo sonrientemente por Elsa Artadi, los presos y exiliados políticos, el discurso del Borbón, el juicio-farsa del franquista Marchena... Lo más curioso es que mi colega no ve TV-3: ni 'FAQs' ni el superferolíticoespialidoso 'Més 3/24' conducido por Xavier Graset, vacilante en el verbo pero implacable en su deber.

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Y cuando le aseguro, como he repetido cien veces en esta columna, que somos muchos los que seguimos en alto desacuerdo con las hostias del 1-0, con la inacabable prisión preventiva -¡'ho tornarien a fer'!-, así como con la acusación de golpistas -algunos de los acusados admiten y desadmiten, según les va el negocio, que todo fue una simbólica fiesta de pijamas-, entonces él me reprocha, indignadísimo, ¡no lucir el lazo amarillo!, el mismo que nuestra común y poliédrica Ada Colau ha mandado recolgar del balcón del indigno ayuntamiento de Barcelona.

Es un gran tipo, tal vez mejor que yo. Será que, parafraseando al 'botifler' Jaime Gil de Biedma en su poema a Gustavo Durán, coronel del 'castellanufo' y vencido ejército republicano, mi joven colega y yo no «aprendimos la historia de la vida en distinto ejemplar del mismo libro.»