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Al contrataque

Colau, Collboni, Maragall y Valls, en la plaza Sant Jaume tras la investidura de Colau como alcaldesa.

ALBERT GEA (REUTERS)

No es democracia

Najat El Hachmi

Los insultos machistas a Colau tendrían que haber provocado una respuesta unánime, pero parece ser que cuando las mujeres agredidas no nos gustan, está bien que les digan putas

Conmigo o contra mí no es democracia, es paranoia. Haz lo que yo quiero o eres una traidora de la patria no es democracia, es chantaje.

Movilizar a la opinión pública contra lo que decidieron libremente en las urnas miles de ciudadanos no es democracia, es autoritarismo. Decirle a la gente que ha votado mal y que hay que corregir su error es lo contrario a la democracia. No aceptar las reglas del juego, unas reglas consensuadas para garantizar la igualdad entre todos, es empezar a no creer en la democracia.

Nos estamos acostumbrando pero no es normal. Que se ataque a título personal ('laColau', 'laColau', no hemos escuchado más que 'laColau') la representante de un partido con militantes, simpatizantes y votantes porque toma una decisión que no nos gusta no es normal ni es democrático. Dar a entender que la alcaldesa tiene las llaves de la prisión o algún tipo de poder sobre el destino de los encausados es faltar a la verdad. Negarle el derecho a compadecerlos solamente porque decide seguir gobernando la ciudad es infantil, simplista, deja fuera de la ciudadanía catalana a todos los que, no estando de acuerdo con las consecuencias del 'procés', también se preocupan por otros temas que nada tienen que ver con el primero. Si he entendido bien el mensaje de esta última semana: o eres completamente dócil y obediente o te conviertes en lo peor de lo peor.

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Intervenir a distancia en la constitución de un ayuntamiento desde la presidencia de la Generalitat no es democrático a menos que la democracia sea digital. Interferir en las dinámicas municipales resulta inquietante. Que nos parezca normal cuando quienes los hacen son de los 'nuestros' es todo lo contrario a un Estado de derecho. Justificarlo en nombre de la lucha contra la represión es seguir llevándonos a todos a un callejón sin salida asfixiante.

No es democracia, claro está, insultar, vociferar con rabia contra personas que han sido elegidas por la fuerza de las urnas. Quienes llevan años pidiendo votar tendrían que entenderlo.

Los insultos machistas en la plaza tendrían que haber provocado una respuesta unánime por parte de todas las feministas, sea cual sea su color político, pero muchas han callado porque parece ser que cuando las mujeres agredidas no nos gustan, está bien que les digan putas y les tiren cosas. Parece ser que la igualdad, la lucha contra el machismo se activa solamente cuando las mujeres son como tienen que ser, votan lo que toca y nos ceden sumisamente el poder.