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Análisis

La alcaldesa de Barcelona en funciones, Ada Colau, ha sido revalidada por las bases de su partido, BComú. Los comunes saben que su futuro político depende de que su líder siga rigiendo la capital catalana.

RICARD CUGAT

¿La alcaldesa de Pedralbes?

Andreu Pujol Mas

La lista de Valls, ganadora en Pedralbes y en Sant Gervasi, sosteniendo a la activista que llevaba la camiseta verde de la PAH. Ver para creer

La posibilidad de que Ada Colau obtuviera la alcaldía con el apoyo del candidato de Ciudadanos ha pasado de parecer una ocurrencia inverosímil y surrealista a ir tomando forma como una posibilidad más que creíble, sobre todo después de que la coordinadora de Barcelona en Comú anunciara la voluntad de presentar candidatura pese a no haber sido la fuerza más votada.

Era difícil imaginar que Colau se prestara a dinamitar la línea argumental sobre la que ha basado toda su trayectoria política y su última campaña electoral. Presentarse como la candidata contraria al 'establishment' y la alcaldesa proveniente de las clases populares no concuerda con obtener el aval del candidato que "representa a las élites económicas" y "la derecha que quiere acabar con el cambio", citando unas palabras de la propia alcaldesa en funciones. La lista de Valls, ganadora en Pedralbes y en Sant Gervasi, sosteniendo a la activista que llevaba la camiseta verde de la PAH. Ver para creer.

Los datos nos explican que esta argucia no se debe a una incompatibilidad ideológica entre ERC y BComú. El digital 'Crític' lo ha certificado en un artículo en el que ha analizado 41 propuestas de los distintos programas electorales. Mientras republicanos y 'comunes' tienen coincidencias en 34 de ellas, los socialistas y los 'comunes' solo coinciden en 13 puntos. Cuando la comparación es entre Colau y Valls, los puntos de coincidencia únicamente son 6. Viendo esto, la negativa de los 'comunes' a la elección de Maragall como alcalde no puede tener fundamento en diferencias irreconciliables y solo se entiende desde el punto de vista de quién ostentaría personalmente el cargo.

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Al mismo tiempo, el espacio de los 'comunes' había crecido gracias a una ambivalencia en la cuestión nacional, basada en la centralidad de aquel 80% favorable a una solución política al conflicto, lo que les había permitido recoger el fruto de un cierto voto dual independentista de izquierdas. Postularse para aceptar los votos de Valls para evitar que la alcaldía recayera en la principal fuerza progresista de la ciudad supondría tomar partido claramente. ¿Qué motivo tendría Valls para darle sus votos si no fuera por una pulsión españolista?

Pero no se trata solo de una cuestión de incoherencia ideológica sino, todavía mucho más importante, de la representatividad de la voluntad de los ciudadanos. Una reciente encuesta expuso que el 54% de los barceloneses quiere un acuerdo Maragall-Colau, mientras que solo un 35% querría un acuerdo Colau-Collboni-Valls. El mismo sondeo dice que el 38,5% prefiere a Ernest Maragall de alcalde, mientras que un 37,5% se decanta por Colau. Claro que la voluntad popular no sale de las encuestas, sino de las urnas y fueron también los votos los que dieron una ligera ventaja al alcaldable de ERC.

Queda todavía una semana para ver si es en Pedralbes donde se acaba determinando la alcaldía de Barcelona.