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CON INTERÉS

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en un encuentro con reporteros en la Casa Blanca, en Washington, el 14 de mayo.

Carlos Barria (REUTERS)

El bumerán de Donald Trump

Josep M. Berengueras

Trump ha seguido la misma estrategia de presión que con ZTE, pero Huawei es mucho más fuerte y ya vio el lobo venir

El impredecible Donald Trump a veces se vuelve predecible. En el pasado Mobile World Congress de Barcelona (febrero de este año), cuando EEUU ya había acusado a Huawei de supuesto espionaje a través de sus equipos de red, había trabajadores de la empresa oriental que ya advertían off the record que se temían que el próximo caballo de batalla serían sus dispositivos. Así ha sido: a golpe de decreto, una serie de empresas estadounidenses (entre ellas Google) han roto relaciones comerciales con Huawei, tercer mayor vendedor de smartphones del mundo. Sin duda, se trata de un duro golpe para el fabricante chino, pero mientras Trump piensa que ha disparado con arma de fuego, quizá descubra que ha lanzado es un bumerán.

China ya no es una economía débil, manufacturera, obligada a copiar tecnología para sobrevivir. Hace años que ha demostrado que es una potencia mundial, capaz de liderar una industria tan competitiva como la de las telecomunicaciones. A finales de los 80 Ren Zhengfei fundó de la nada Huawei con la investigación por bandera y con el objetivo de dotar al país de comunicaciones del primer mundo. No solo lo consiguió, sino que tras asaltar el trono de las redes (desbancando a las firmas europeas) ha logrado también ascender a las primeras posiciones en móviles, ordenadores, tabletas...

Pero Huawei, como tantas otras firmas, depende de las empresas de EEUU, como las empresas americanas dependen de China. Hasta ahora era una relación win-win, pero Trump decidió dinamitarla. Primero, lo hizo acusando a Huawei de espionaje, aunque aún no ha mostrado pruebas. Después, en plena negociación del acuerdo comercial, forzando a una rotura de las relaciones de empresas de EEUU con la líder china. Pero como ya se sabe cómo el magnate, tardó 24 horas en firmar una tregua de tres meses. No solo eso: ahora ha declarado que el conflicto se puede solucionar si se firma el acuerdo comercial. Trump, de hecho, ha repetido de una forma u otra la estrategia de presión que siguió hace poco más de un año con ZTE, otra firma china que, esta sí, estuvo cerca de quebrar tras un veto de EEUU. 

Pero Huawei es más fuerte, está más preparada económicamente, hace tiempo que vio al lobo venir y, sobre todo, tiene parte de la sartén por el mango (por sus redes pasan las comunicaciones de medio mundo; romper relaciones provocaría un problema de magnitudes nunca vistas). Quizá comience a depender cada vez menos de componentes de EEUU, de sistemas operativos de EEUU, de patentes de EEUU, de trabajadores de EEUU. Y quizá acabe su sistema operativo, acuerde con el resto de fabricantes chinos (Xiaomi, Oppo, ZTE...) su adopción y dé un golpe encima de la mesa. Hay margen para el acuerdo, pero el bumerán podría volverse contra Trump.

De momento, lo único seguro es que quien paga el pato, como siempre, son los consumidores.