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El modelo de ciudad, a debate

Cultivar la cultura

MONRA

Cultivar la cultura

Núria Iceta

La lista de propósitos de los partidos es tan larga como se quiera, pero nadie dice cómo piensa hacerlo

Hay que agradecer la iniciativa de la Associació Professionals de Gestors Culturals, junto con otras asociaciones profesionales del sector de la cultura y el Ateneu Barcelonès, de la convocatoria de un debate electoral dedicado al modelo de ciudad. Intervinieron: Joan Subirats (actual comisionado de Cultura del gobierno municipal), de Barcelona en Comú; Ferran Mascarell, por Junts per Catalunya (un hombre que ha tenido responsabilidades en todas las administraciones locales y nacionales bajo las siglas del PSC y desde hace pocos años desde el espacio convergente); Manuel Valls, un experimento novel en Barcelona pero de larga trayectoria en Francia, encabezando la candidatura de Ciutadans; Gemma Sendra, actual concejala de ERC, proveniente también del PSC; Xavier Marcé, del PSC; Eva Higueras, del PP; Marc Cerdà, de la CUP; y Jordi Graupera, de la candidatura Barcelona és capital. Quizá llamarlo 'debate' sería una imprecisión, ya que el formato, encorsetado por los tiempos asignados, que provocaban intervenciones apresuradas, anulaba la posibilidad de debate entre ellos.

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Más allá de las crónicas ya publicadas querría ahora confrontar los enfoques que se desprenden de lo que dijeron, y de lo que publican sus programas electorales. Sobre el debate solo quisiera agradecer que la dosis de extravagancias se limitara a la eterna cuestión del castillo de Montjuïc: el PP propone recuperar su identidad como fortaleza (Valls no citó su propuesta de convertirlo en un centro de yoga) y a una desconcertante preocupación de Higueras por los niños discapacitados que no pueden acceder a los museos.

Entiendo que debe suceder en todos los temas de ciudad, pero hay unas diferencias enormes en el grado de conocimiento de la materia y el tipo de propuestas que se hacen entre algunas candidaturas, aunque es fácil identificar aquellos temas centrales que se han convertido en lugares comunes en todos los programas, como la necesidad de trabajar más coordinadamente entre administraciones, y entre lo público y lo privado, o la urgencia de vincular educación y cultura. Ya me parece bien. Quizá las principales diferencias se sitúan en los extremos de dos ejes, por la manera diversa de entender la cultura, y la política, entre la necesidad del pacto y la virtud del conflicto, y entre la necesidad de la intervención pública y las virtudes del liberalismo.

Distintas prioridades

¿Se puede hacer una política cultural sin una voluntad de intervenir? ¿Para hacer qué? ¿Cómo se introducen elementos de calidad sobre las propuestas de los creadores? ¿Cómo se priorizan unas propuestas sobre las demás? ¿Cómo se opta por la mejora de continentes y contenidos sin perder de vista la construcción de nuevos equipamientos? Es fácil ponerse del lado de los creadores, y solo si vas a la literalidad de los programas, con unos lenguajes radicalmente diferentes en cuanto a la retórica empleada, que es mucha, se pueden establecer las diferencias en las prioridades y en su aplicación práctica. ¿Quién se mostrará contrario a "democratizar la cultura" o a "fortalecer la vinculación entre cultura y educación"? Si tuviera que poner titulares elegiría las cuestiones de gobernanza, participación y género de Barcelona En Comú; la centralidad que JxC otorga a la lengua y a la capitalidad cultural; la prioridad inversa de Cs con respecto al castellano y el bilingüismo; la voluntad de reforma y coordinación entre los diversos agentes que plantea ERC; el acento sociocultural de los socialistas; la voluntad de cambiarlo todo de la CUP o las propuestas más rompedoras de Barcelona és capital. (El PP no ha presentado un programa específico sobre Barcelona).

Grandes olvidos, grandes propósitos

Las campañas electorales se prestan a grandes olvidos y grandes propósitos. Olvidan las fuerzas políticas lo que podían haber hecho y no han hecho, o simulan que olvidan cosas que ya se hacen y que se presentan como novedades. Olvidan algunos que la sociedad sigue otros ciclos que los electorales, y que aquí se trabaja incansablemente, con más o menos apoyo por parte de las administraciones. La lista de propósitos puede ser tan larga como se quiera, pero nadie dice cómo piensa hacerlo, ni con qué recursos. O en detrimento de qué. Cultivar la cultura debería ser una apuesta estratégica, de luces largas, con propuestas concretas evaluables en una legislatura, y con propuestas ambiciosas cuyos frutos se vean a 10 o 20 años vista, porque hay semillas que en una semana y con poca agua fructifican y otras que necesitan abono y podas durante años.

*Editora de 'L'Avenç'.