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LA CLAVE

Miquel Iceta, consolado por Jaume Collboni, al borde de las lágrimas. Ambos han decidido destinar el mitin de hoy a homenajear a la figura del político fallecido.

JOAN CORTADELLAS

Fuego cruzado sobre Iceta

Enric Hernàndez

Los vetos a la candidatura del líder del PSC a presidir el Senado, exponente como Rubalcaba de la mejor 'vieja política', afloran las miserias de la nueva

La mal llamada ‘vieja política’ ni era tan infame ni está tan obsoleta como algunos pretenden. El tributo unánime al malogrado Alfredo Pérez Rubalcaba ha venido a redimir el denostado ‘régimen del 78’, del que el finado era heredero e insigne baluarte. La política, concebida como las reglas del juego que ordenan un país en democracia, pivota sobre un rosario de complicidades y lealtades. Aislada, cada una de ellas puede colisionar con los principios de algunos actores políticos, pero es preciso preservarlas en su conjunto porque, de lo contrario, el sistema institucional colapsa.

La designación de Miquel Iceta como candidato socialista a presidir el Senado ha puesto a prueba esas reglas de compromiso. ERC, JxCat y otras fuerzas le regatean su apoyo para que el Parlament lo designe senador invocando argumentos irreconciliables.

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Le reprocha el independentismo su apoyo al 155, que no haya visitado en la cárcel a los políticos presos y que se hiciera un selfi con los líderes de Ciudadanos y PP en una marcha contra el 1-O. Al tiempo, populares y naranjas le afean sus reflexiones acerca de eventuales indultos a los independentistas procesados y sobre cómo dar salida a la pulsión separatista si algún día concita una holgada mayoría social. Queda demostrado que la empatía con el adversario, tan elogiada tras la muerte de Rubalcaba, en vida pasa factura. 

El fuego cruzado sobre el líder del PSC, aparte de torpedear el ‘fair play’ parlamentario, aflora las contradicciones y miserias de la ‘nueva política’.

La jaula republicana

Hace un año, en pleno 155, el Parlament elegía casi por unanimidad a ocho senadores, incluidos dos de Cs partidarios del encarcelamiento de los líderes independentistas. El soberanismo sí respetó entonces los usos y costumbres... para poder colocar a sus propios aspirantes. Meses antes, la Convergència de Francesc Homs otorgaba en secreto el control de la mesa del Congreso a PP y Cs... a fin de obtener un grupo parlamentario del que al cabo fue privado.

La apelación del independentismo al diálogo casa mal con los vetos revanchistas y evidencia que, en realidad, sigue enjaulado en su república imaginaria.