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Crisis humanitaria

Refugiados, inmigrantes y mercado laboral

Refugiados, inmigrantes y mercado laboral

Judit Vall Castelló

Diversos estudios rebaten la idea de que la migración origina una pérdida de empleo entre la población autóctona

En las recientes elecciones hemos visto que la inmigración es un tema fuertemente politizado. Algunos partidos incluyen en sus programas medidas para endurecer las condiciones de los inmigrantes que llegan a España sin tener regularizada su situación y los argumentos más manidos para justificar ese endurecimiento se construyen sobre el efecto llamada (no incentivar que otros inmigrantes sigan ese mismo camino) o la supuesta pérdida de empleo de la población autóctona. Pero, ¿son ciertos estos argumentos? Vamos por pasos: primero cuantificaremos este fenómeno y después veremos qué nos dice la evidencia empírica sobre la veracidad de estos argumentos.

La Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) tiene como objetivo ayudar a los estados miembros de la UE y a los países de la zona Schengen a proteger las fronteras exteriores del espacio de libre circulación de la UE. Esta agencia, relativamente pequeña cuando se fundó en el 2004, se amplió en el 2016 con nuevas competencias asignadas, como la lucha contra la delincuencia transfronteriza y la gestión de las fronteras. 

El caso de los ciudadanos cubanos

Frontex cuantifica, por ejemplo, los inmigrantes que cruzan las fronteras de los países de la UE de manera ilegal. Para ello, divide las rutas de entrada en cinco, y una de esas rutas es la del Mediterráneo occidental, con las entradas por mar entre Marruecos y España. Según Frontex, 10.000 personas entraron en España por esa ruta en el 2016; 23.063, en el 2017 y 57.034, en el 2018, cuando la ruta del Mediterráneo occidental se ha convertido en la puerta más habitual de entrada a Europa. 

Los efectos de las oleadas de inmigrantes y refugiados sobre el empleo y los salarios de los autóctonos es un tema que se ha estudiado mucho en el área de la economía del trabajo. Sin embargo, un artículo de Giovanni Peri (University of California, Davis) y Vasil Yasenov (Universidad de California, Berkeley) parece indicar que tales efectos negativos no existen. Este estudio analiza los movimientos de ciudadanos cubanos hacia Miami en 1980, cuando Fidel Castro abrió los puertos de Mariel (Cuba) y eliminó las trabas a la salida de ciudadanos cubanos. En un solo año 125.000 personas salieron de Cuba para instalarse, mayoritariamente, en Miami. 

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En general, se trataba de gente con poca formación y, por esa razón, los autores del estudio abordaron los efectos de aquella gran oleada migratoria sobre el empleo y los salarios de los autóctonos con niveles formativos bajos. Los resultados son contundentes: ni los salarios ni las tasas de desempleo de los autóctonos se vieron afectados de forma negativa por la llegada de aquellos 125.000 trabajadores cubanos. Según los autores, la llegada de inmigrantes o refugiados generó una demanda de trabajo que antes no existía por falta de empleados poco cualificados. Además, este tipo de oleadas generan complementariedades entre trabajadores autóctonos e inmigrantes, lo que reduce el potencial efecto negativo en los salarios de los trabajadores locales. 

En cualquier caso, el estudio de Peri y Yasenov se centra en un acontecimiento muy específico. Hay estudios que analizan oleadas migratorias de otros países y de épocas más recientes y, en algunos de esos casos, sí se ha detectado un cierto efecto negativo en las oportunidades laborales de los trabajadores autóctonos poco cualificados. Pero también hay estudios que han observado efectos positivos; por ejemplo, sobre los trabajadores complementarios, con mayores niveles de formación. Además, los efectos negativos en la mayoría de casos son de muy corta duración, ya que el mercado laboral logra integrar a los nuevos trabajadores de un modo relativamente rápido.

Habida cuenta de todo ello, y yendo más allá del mercado laboral, si pensamos que el hecho de ayudar a personas de países con muchas menos oportunidades que el nuestro es una experiencia positiva para nuestra sociedad, seguramente los efectos positivos globales de los emigrantes y refugiados sean mayores que los negativos. De igual manera, los cálculos también dependerán de las políticas migratorias de nuestros gobiernos. Si el proceso para obtener un permiso de trabajo o para tramitar el estatus de refugiado es relativamente rápido y los inmigrantes pueden trabajar legalmente en el país, esto implicará mayores contribuciones a la Seguridad Social y mayores recaudaciones impositivas. En definitiva, parece que los efectos de la inmigración son más complejos de lo que parece escuchando a nuestros políticos, ¿no es cierto?