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El cambio de rumbo

ERC en el papel de Convergència

LEONARD BEARD

ERC en el papel de Convergència

Josep Martí Blanch

El giro al pragmatismo tenía sus riesgos, pero ha superado de forma inmejorable la prueba de las elecciones generales

Las 155 monedas de plata de Gabriel Rufián para señalar a Carles Puigdemont como un traidor y la amenaza de Oriol Junqueras de sacar a ERC del Govern si se convocaban elecciones sin proclamar primero la República fueron el canto del cisne de la ERC centrada en intentar sacar ventaja de la falsa proclama que ellos eran los únicos que querían y creían en la independencia.

Nada era lo que parecía. ERC aceptaba resignadamente que, a sabiendas que lo que exigía (proclamar la República en esas condiciones) no llevaba a ningún sitio, convenía mantener la ficción presionando a Puigdemont hasta el final. Si el president frenaba, serían él y su familia política quienes pagarían la factura de la “traición”; si no lo hacía, todos podrían seguir mirando a los ojos del electorado. Pero ya en ese momento ERC tenía decidida la nueva estrategia a ejecutar una vez sobrepasado el clímax del farol de unilateralidad con el que se cerró octubre de 2017.

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Esa nueva manera de hacer debutó con un artículo misterioso de Oriol Junqueras publicado dos días después de la declaración de independencia. Anunciaba que a partir de entonces sería necesario tomar decisiones que podían resultar difíciles de entender. Era el pistoletazo de salida.

ERC se disponía a abrazar a partir de ese momento el espíritu de la antigua Convergència para ir a la conquista del carril del centro soberanista que Carles Puigdemont, con la aquiescencia y asentimiento de todo el entorno postconvergente, se disponía a dejar completamente libre en favor de otra manera de hacer que, por poner un ejemplo, puede resumirse en las declaraciones que realizó Toni Comín el pasado mes de marzo en Londres en las que decía que Catalunya necesitaba un conflicto más intenso para ganar más apoyos internacionales.

ERC decidía, por el contrario, priorizar lo que siempre proporciona ventajas competitivas en el negocio de la política: liderazgo indiscutido, aunque sea desde una celda, maquinaria de partido engrasada y disciplinada, y un discurso único repetido por todos sus integrantes como quien añade amén al final de cada oración. Se resume en la aceptación de que la independencia requiere una mayoría social mucho más sólida de la existente, solo es viable a través de un referéndum acordado y exige una mirada a largo plazo.

Rumbo fijo

Ni los presos, ni el juicio, ni la presión en las redes, ni los cantos de sirena de la unidad, ni cualquier otra coyuntura han movido a los republicanos después de que se atrevieran a dar el volantazo. Liderazgo, discurso -con la justa y calculada ambigüedad que la política requiere- y un partido con la fuerza necesaria para disciplinar a quien tuviera la tentación de salirse de la fila.

ERC mutaba a pragmática y posibilista. También en el plano institucional, y tomando como referencia el eje social, los departamentos del Govern bajo su responsabilidad (desde Economia a Salut, pasando por Educació o Benestar) se situaban en posiciones de moderantismo para afianzar la respetabilidad de buen gestor que huye de posiciones maximalistas. Si Andreu Mas-Colell tuviera en el aula de una universidad al actual 'conseller' d'Economia, Pere Aragonés, le consideraría uno de los suyos.

El momento de pasar la prueba del algodón a esta nueva estrategia llegó con las elecciones generales. No estaba exenta de riesgo, a tenor del credo que profesan buena parte de las bases históricas del partido, pero los resultados fueron inmejorables.

ERC ha hecho lo que venía haciendo la Convergència de antaño, aunque desde un posicionamiento independentista y más a la izquierda. Básicamente, aceptar y gestionar las contradicciones que la práctica política conlleva, leer con acierto la realidad del país del presente sin confundirlo con lo que un día fue o se desearía que fuese, preservar el valor -aun como independentistas- del catalanismo como denominador común que sobrepasa al independentismo y que sigue siendo imprescindible, no menospreciar las competencias de la Generalitat aunque se consideren insuficientes, apuntalar la necesidad de la negociación aun en situaciones de máxima dificultad y saber que hay que esperar que la coyuntura sea favorable con la paciencia de Job. De aliño, la ambigüedad justa y necesaria para preservar el margen de actuación y la maniobrabilidad que todo discurso y actuación política requieren. Lo que había hecho toda la vida Convergència desde el nacionalismo y que queda claro que puede hacerse también desde el independentismo.

Naturalmente hay otras formas de situarse en el tablero. Existe incluso la contraria a esta, punto por punto. Cada uno elige su manual y el votante acaba eligiendo los resultados.