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OPINIÓN EXPRÉS

Sánchez y Rivera se regalan mutuamente la tesis del líder del PSOE y el libro sobre Santiago Abascal.

ATRESMEDIA

Sánchez: defensa y contrataque

Enric Hernàndez

Aparcado el 'catenaccio' de TVE, el líder socialista sale al quite en Atresmedia y propicia un debate de todos contra todos que le permite conservar la ventaja demoscópica que atesora

Para el favorito en las encuestas, los debates electorales los carga el diablo: poco que ganar, demasiado que perder. Con un tercio largo de votantes indecisos, un silencio a destiempo o un gesto titubeante  --no digamos ya un error de libro-- pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre cuatro años de una gobernanza holgada y el purgatorio de la oposición. Por eso el debate a doble vuelta era territorio minado para Pedro Sánchez, que en menos de un año se ha hecho con las riendas del poder, ha volteado los sondeos adversos y acaricia la renovación de su contrato de alquiler en la Moncloa. 

El lunes, en TVE, al líder socialista se le vio en ocasiones encorsetado, precavido en extremo, incómodo cuando las derechas lo fustigaban por sus tratos con el independentismo catalán. Se creció en el cuerpo a cuerpo con un Pablo Casado (PP) tan inopinadamente contenido como inocuo. Ante un Albert Rivera desatado, le afeó el cinturón sanitario que Ciudadanos impone al PSOE. Con Pablo Iglesias, palmadita en la espalda y si eso ya hablamos. Y todo ello tratando de levitar sobre el lodazal al que sus rivales pretendían arrastrarlo. 

Bien distinto fue el debate de Atresmedia. Con la contundencia que racaneó en TVE, Sánchez negó pactos pasados o futuros para satisfacer las demandas independentistas: "No es no"'; blandió el espantajo ultra, hasta el punto de regalar al líder de Cs un libro de Santiago Abascal (Vox), el gran ausente; y no dejó sin respuesta ninguna de las invectivas de Casado y Rivera.

DIESTRA Y SINIESTRA

Aparcado el 'catenaccio' de la víspera, el presidente pasó al contrataque y propició a su diestra el cruce de pullas entre los conservadores, confinando a Iglesias al papel de contrapunto a la siniestra. En un combate de todos contra todos, a ratos embarullado, el líder socialista superó la gran prueba de fuego de esta campaña sin arriesgar la ventaja que atesoraba. Puesto que ese, y no otro, era su desafío en los platós, Sánchez puede darse por satisfecho.