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LA CLAVE

Carles Campuzano, Marta Pascal y Esperança Esteve.

JOAN MATEU

El principio de Pascal

Enric Hernàndez

La defenestrada coordinadora del PDECat perimetra el espacio de quienes aspiran a reconstruir el centroderecha catalanista, hoy líquido (y liquidado) por el aventurismo de Mas y la deriva de Puigdemont

Confirmado el vaticinio de Zygmunt Bauman, la modernidad líquida se ha apoderado de la política, de modo que los principios de la física le son por fuerza aplicables. Pasó a la historia la CiU sólida, casi granítica, esculpida por Jordi Pujol y adorada por sus vástagos. Hoy el espacio posconvergente es un magma de ambiciones, complejos y sensibilidades contrapuestas, un proyecto difuso y confuso que abdicando de la ideología ha olvidado su origen e ignora su destino.

Según el principio de Pascal, la presión ejercida en un fluido se esparce sobre toda la sustancia de manera uniforme. En efecto, la prensa hidráulica de Waterloo ejerce su poder con idéntica intensidad sobre todo el PDECat, pero no toda la organización opone similar resistencia.

Los hay que con gusto se dejan llevar por la corriente, fieles a la muy convergente divisa de que aquí manda quien manda, que hoy es Carles Puigdemont. Otros rinden pleitesía al César mientras barruntan cómo medrar en su corte imaginaria o cómo desbaratar sus delirantes planes independentistas. Y algunos, los menos, empiezan a alzar la voz para proclamar que un equino no merece el título de cónsul, o simplemente que el emperador va desnudo.

Destaca entre estos últimos Marta Pascal, la que primero y con mayor crudeza experimentó en el PDECat el principio que lleva su apellido. Humillada en la campaña de las autonómicas y condenada por propiciar la moción de censura contra Mariano Rajoy, el pasado julio fue defenestrada por Puigdemont con una saña solo equiparable a la empleada para purgar a los moderados en las listas al Congreso y el Senado.

EL AVENTURISMO DE MAS

Con sus reproches al 'expresident' y su amenaza de impulsar una escisión moderada del PDECat, Pascal perimetra un espacio, el de la resistencia ante el irredentismo de Puigdemont y sus acólitos, que se ensanchará si los resultados de este ciclo electoral resultan adversos. Y de paso se reserva el liderazgo, cuanto menos orgánico, entre quienes aspiren a reconstruir, dentro o fuera del partido, el otrora hegemónico centroderecha catalanista, hoy líquido (y liquidado) por el insensato aventurismo de Artur Mas.