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MIRADOR

Pintada en la pared del colegio de los Maristas de Sants de Barcelona en contra la pederastia, en febrero del 2016.

JULIO CARBÓ

Alicia en el país de los Maristas

Luis Mauri

La Administración pública sigue financiando organizaciones escolares que durante décadas han encubierto en su seno a devoradores de niños

Una noche de hace tres años, después de más de 30 en este oficio fabuloso de gente encallecida, lloré. No soy una persona de lágrima fácil. Ya sé que esta confesión no le interesa a nadie ni dice nada en mi favor ni en contra de mí. También sé que el periodista debe abstenerse de ser sujeto u objeto de la noticia. Pero aquel llanto hablaba por sí solo de la descarnada extraordinariedad del caso.

Aquella noche de febrero se me derritió la vista editando un artículo de Guillem Sànchez. Mi colega escribía sobre el escándalo de pederastia en los colegios de los Maristas de Barcelona y recogía el testimonio de una víctima: "En cuanto se iban todos los demás niños de la clase, el profesor me obligaba a hacerle felaciones y eyaculaba encima de mí. La primera vez que me lo hizo, yo tenía ocho años". Este fue el pan de cada día de J. durante seis años, desde los 8 hasta los 14, en el colegio marista de Sants-Les Corts, en Barcelona. Hace tres años, J. ya sumaba 42 pero las pesadillas seguían devorándole: "Cuando hago el amor con mi mujer, a veces aquello me vuelve a la cabeza, porque hago o digo cosas que se las vi hacer o se las oí decir a él por primera vez. Y entonces…, entonces me doy un asco infinito."

Dimensión escalofriante

Si no se alcanza un pacto entre las partes, este lunes empezará el juicio contra Joaquim Benítez, un pederasta confeso que devoró a cuantos niños pudo entre 1980 y el 2011 en los Maristas de Sants-Les Corts. Un largo trabajo de investigación de EL PERIÓDICO, a cargo de los periodistas Guillem Sànchez, María Jesús Ibáñez y Jesús G. Albalat, ha definido las escalofriantes dimensiones del escándalo de pederastia de los Maristas: 45 denuncias por abusos sexuales cometidos contra niños de 7 a 16 años por 14 profesores y un monitor en los colegios de Sants-Les Corts y el Eixample, en Barcelona, y en los de Badalona, Mataró y la casa de colonias de Planoles, en el Ripollès. Durante al menos cuatro décadas, desde 1970 hasta el 2011, la orden religiosa encubrió de forma metódica a los depredadores.

Desde que Lewis Carroll dispuso que Alicia diese con Humpty Dumpty y la corbata que le había regalado el rey Blanco, sabemos que cada año tiene un cumpleaños y 364 no-cumpleaños o incumpleaños. En el escándalo de los Maristas solo va a haber un juicio, el de Benítez. Pero hay al menos una docena de no-juicios, tantos como profesores religiosos y seglares abusaron de sus alumnos y cuyos delitos han prescrito por el paso del tiempo. ¡Alto! Por el paso del tiempo y por el amparo, el encubrimiento de la congregación religiosa.

Carne fresca

Los Maristas hurtaron durante décadas a los depredadores de infantes a la acción de la justicia. Cuando la conducta delictiva de alguno de ellos atronaba, lo destinaban a otro centro. Qué castigo: ¡carne fresca!

Tras una campaña liderada por Save the Children, el Gobierno ha iniciado el trámite para alargar el periodo de prescripción de los delitos de pederastia. Pero la Administración pública sigue financiando organizaciones escolares que durante décadas han encubierto en su seno a devoradores de niños. Vaya con el país de los Maristas.