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A pie de calle

El desperdicio alimentario tiene un impacto económico medio en los hogares españoles de 250 euros al año.

JOSÉ LUIS ROCA

Acabar con el despilfarro alimentario

Daniel Ortiz

Para afrontar la complejidad de los grandes retos del presente se requieren liderazgos colaborativos como el plan de la ARC contra el desperdicio de alimentos

Uno de los múltiples desequilibrios, y no el menor, sobre los cuales vivimos inconscientemente instalados es el despilfarro alimentario. Producimos una cantidad de alimentos muy superior a la que realmente consumimos, aunque, incomprensiblemente, todavía hoy en pleno siglo XXI, 800 millones de personas (1 de cada 9) pasan hambre en el mundo. A nivel global se estima que se pierde, se desecha o se despilfarra un tercio de todos los alimentos producidos. En Catalunya, la Agència de Residus de Catalunya (ARC) calcula que se desaprovechan 262.470 toneladas anuales de alimentos (teniendo en cuenta únicamente el comercio al detalle, la restauración y los hogares), lo que equivale a 35 kilos por persona y año.

Las causas del despilfarro son diversas y difíciles de atajar. En primer lugar, el mercado incentiva la sobreproducción estructural de alimentos. En segundo lugar, los consumidores nos hemos vuelto tan absurdamente exigentes y caprichosos que tendemos a rechazar cualquier tipo de fruta o verdura que no tenga las formas, colores, texturas y tamaños idealmente esperados. Y, en tercer lugar, los alimentos han sufrido una profunda desvalorización social: son relativamente baratos y parece que no importa mucho si los tiramos a la basura sin demasiados reparos. Huelga decir que estas pautas de comportamiento ciudadano ocasionan un elevadísimo daño medioambiental y son completamente insostenibles.

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En el marco de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) impulsados por las Naciones Unidas para el año 2030, hay uno, el 12º, dedicado al consumo y la producción responsables. Y, en relación al desperdicio alimentario, la meta establecida es lograr una reducción del 50% al final de la próxima década.

En este contexto, ¿qué podría o, mejor dicho, qué se debería hacer desde Catalunya? Recientemente la ARC ha presentado el primer plan de acción para la prevención del despilfarro alimentario en Catalunya (2019-2020), articulado en torno a 6 grandes retos, 18 acciones y 133 proyectos concretos. Los retos son: 1) generar conocimiento para poder comprender y medir mejor el fenómeno del despilfarro alimentario; 2) sensibilizar, educar y capacitar para la acción; 3) impulsar acciones para la prevención en origen y a lo largo de toda la cadena alimentaria; 4) impulsar acciones para la recuperación y el aprovechamiento de los alimentos; 5) desplegar un nuevo modelo de gobernanza basado en la coordinación de los diversos agentes a lo largo de la cadena alimentaria; y 6) promover un marco normativo que incremente y acelere el impacto de las acciones.

El plan ha sido fruto de cuatro meses de trabajo por parte de un grupo de 50 expertos de los ámbitos social, empresarial, público y académico, y constituye un excelente ejemplo de colaboración entre las esferas política, económica y del tercer sector. Hay que felicitar a la ARC. Para afrontar la complejidad de los grandes retos del presente se requieren liderazgos colaborativos, capaces de tejer alianzas entre todos los actores.