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Estrategia de la derecha

Pablo Casado, el pasado martes en un acto en Vitoria.

EFE / DAVID AGUILAR

Pablo Casado se revuelve contra Vox

Joan Tapia

El gran activo del PP -de Manuel Fraga, José María Aznar y Mariano Rajoy- fue lograr unir todo el voto de la derecha. El activo tenía un pasivo, la incómoda ambigüedad entre una derecha de ribetes nostálgicos y un centro-derecha europeo. El PP debía combatir la modernización social -el aborto o el matrimonio homosexual- pero luego, como repite Celia Villalobos, tampoco hizo nunca marcha atrás cuando llegó a gobernar.

Había sonadas disonancias, pero el gran poder del jefe del partido las arbitraba según convenía y el premio de la doble alma era tener todo el voto de la derecha. En el 2015 Rajoy -por la crisis económica y el castigo final a la corrupción- pierde ese monopolio y baja del 44% al 33% del voto, de 186 a 123 escaños. El beneficiario fue Cs, pero en la repetición electoral del 2016 el voto útil contra el PSOE todavía funcionó y el PP recuperó 14 diputados.


El drama es que ahora, tras la denuncia de Pablo Casado contra el 155 de Rajoy (acusado de no haber solucionado la crisis catalana), el pacto con Cs y Vox en Andalucía, y el espíritu tripartito de la plaza de Colón (para evitar la venta de España a los golpistas) todo ha cambiado. Ya no hay una derecha como siempre, ni dos como en el 2015 y 2016, sino
tres: el PP, Cs y Vox. Con dos derechas, el PP bajó, pero Cs comió. Ahora con tres, una encuesta del nada sospechoso ABC da al PP solo 87 diputados, casi los mismos que ahora tiene el PSOE, reduce la subida de Cs respecto a las últimas elecciones a solo 6 escaños (38 en vez de 32) y Vox aparece como la fuerza emergente pasando de la nada a 36 diputados.

De ser así, Santiago Abascal pesaría tanto o más (por emergente) que Albert Rivera. Pero el desastre para el PP sería terrible ya que habría caído de los 186 diputados del 2011 a 137 en el 2016 y 87 ahora. ¿Culpa de Rajoy o de  Casado? Seguramente de los dos, pero fue Casado, ilustrado por Aznar, el que dijo que el PP había perdido las esencias y que
compartía parte del ideario de Vox. Casado ya había asumido que había tres derechas pero que, pactando según el modelo andaluz, gobernaría. Menos votos, pero con la Moncloa como premio. Lo terrible es que la encuesta dice
que la triple derecha se queda en 161 escaños, a 15 de la mayoría absoluta. En este caso, la
consecuencia sería -si el ABC acierta- que Pedro  Sánchez seguiría vivo y Casado habría durado al frente del PP menos que Antonio Hernández Mancha.


Por eso ahora Casado arremete contra Abascal, un buen chico según Aznar, y advierte que votar Vox en las 28 provincias con menor población -donde el sistema es más mayoritario que proporcional- es ayudar al PSOE. Casado tiene razón, pero él ha sido el que ha alimentado a Vox calificando a Rajoy, Soraya y el 155 de melifluos.

Vox no se retirará. Con la caída de Podemos y el estancamiento de Cs puede ser la tercera fuerza. Y Casado se debe estar preguntando en qué se equivocó. Es fácil. Al pintar -para echar a Sánchez- una España que iba directa a la ruina y la rendición al separatismo dotó de credibilidad al discurso de Vox.