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Gestación subrogada

Familias españolas frente al consulado de Kiev, esperando que se legalice la situación de los niños adquiridos por gestación subrogada.

EFE / NADJEJDA VICENTE

La familia

Jenn Díaz

La gestación subrogada responde a una demanda: que los hijos sean como nosotros, con el mismo color de piel

Lo que ha resuelto la gestación subrogada no tiene nada que ver con la imposibilidad de tener hijos por distintas razones. La adopción resuelve los dos casos: infertilidad y parejas gay. Los vientres de alquiler resuelven no el problema de origen (no poder tener hijos por métodos naturales), sino los problemas derivados, que son, por supuesto, sociales y culturales.

Lo que asusta de la gestación subrogada no es precisamente su modernidad. Ya existían las esclavas que parían hijos de sus señoras, e incluso las nodrizas, que amamantaban a los recién nacidos de sus dueñas. La explotación de la mujer pobre no es, precisamente, nada nuevo. No, el problema de la gestación subrogada no es que sea nuevo, y lo que viene a solucionar no es un problema ni gay ni de infertilidad. Lo que viene a resolver el vientre de alquiler es, sobre todo, qué significa la familia. Y el racismo, en ciertos casos.

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Sí, hoy en día parece que una familia sin genética por en medio no es una familia. Lo digo porque yo, madre afín de una niña de 10 años, ya hace unos cinco que respondo preguntas acerca de la misma cuestión: que no, no soy su madre biológica, lo cual no significa, la mayor parte del tiempo, absolutamente nada. Las familias enlazadas tienen que responder un sinfín de preguntas que las familias adoptivas no. Pero, ay, las familias adoptivas en que el color de la piel o las facciones hacen evidente la adopción tienen que responder muchas otras cuestiones: tienen que responder al racismo galopante de una sociedad cruel y perversa.

La gestación subrogada resuelve la diferencia de raíz: la genética, resuelto; el racismo, resuelto. Porque hoy en día la familia, por lo visto, tiene que ver con eso, con la construcción idílica y egoísta de la crianza de un hijo. Los queremos nuestros, de nuestra sangre, a toda costa, y que se parezcan a nosotros, y que tengan el mismo color de piel, y nadie pueda reclamarlos, y sean nuestros y sólo nuestros. Queremos una familia fotogénica. No nos engañemos: la gestación subrogada ha venido a resolver un problema social y cultural, no familiar.