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Agenda social

Torra reúne en el Parlament a JxCat, diputados y senadores del PDECat y Puigdemont por videoconferencia.

MARTA PÉREZ (EFE)

El 'procés' nunca fue de izquierdas

Emma Riverola

Cuando se desprecian las necesidades básicas de millones de personas, la defensa de la libertad, los derechos o la democracia solo sabe a palabrería

Compañeros y compañeras de Andalucía, Navarra, Madrid o Extremadura, a pesar de las toneladas de propaganda vertida, el 'procés' nunca fue esencialmente de izquierdas. Es cierto que a su aluvión se sumaron fuerzas progresistas, pero todas naufragaron en el momento de imponer la agenda social a la nacional. Quizá habréis oído a más de un independentista anunciar que no es nacionalista, es uno de los argumentos de oro. Esto va de democracia, derribemos el régimen del 78, los valores del republicanismo… todo esto también os debe sonar. Palabrería.

Compañeras y compañeros, muchos en Catalunya compartimos la desazón que algunos sentís al ver los Presupuestos del PSOE y Unidos Podemos echados a la papelera de la historia. Aquí ya nada nos sorprende demasiado. La capacidad para escoger siempre la vía más perjudicial para los ciudadanos parece infinita. Esa izquierda que aquí se niega a ser llamada nacionalista lleva desde el 2012 arrodillada ante una derecha heredera del 'pujolismo'. La misma que, durante más de dos décadas, hizo de Catalunya su particular cortijo. La que realizó los recortes más traumáticos de toda España. Aún estamos así, a la cola en presupuestos dedicados a necesidades sociales.

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¿Ayudas a desempleados de larga duración? ¿Pobreza infantil? ¿Paro juvenil? ¿Dependencia? Nada de eso copa las tertulias. Solo un debate nacionalista permite mantener viva la frontera entre 'nosotros' 'ellos'. Entre catalanes (demócratas) y españoles (franquistas). Es más que supremacismo, es supervivencia 'procesista'.

Sí, compañeros y compañeras andaluces, madrileños, navarros y extremeños, vosotros, igual que nosotros, nos estamos hundiendo en el precariado, sufrimos los déficits en sanidad, cultura y educación, también necesitamos repensar el modelo productivo, pero la fraternidad entre los vulnerables nunca ha gustado a los privilegiados. Por ello, cuando se desprecian las necesidades básicas de millones de personas, la defensa de la libertad, los derechos o la democracia solo sabe a palabrería.