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Análisis

Apps contra las barreras

Apps contra las barreras

Liliana Arroyo

Siempre me ha preocupado que las personas queden fuera, la vulnerabilidad y las oportunidades restringidas. Vivimos en un mundo que está pensado para ver y oír, y que sigue dando la espalda a la salud mental. Tener alguna discapacidad – en el grado que sea -, va de la mano de un montón de barreras asociadas que afectan a la autonomía, la independencia personal y la relación con los demás. Súmale que en los debates sobre el futuro del trabajo y la robotización parece que las tareas rutinarias y repetitivas tenderán a automatizarse. Así que tenemos colectivos con más paro que el conjunto de la población (en 2018 la tasa de paro entre personas con discapacidad es del 32%, 8 puntos por encima de la media) y con perfiles profesionales más amenazados.

Por otro lado nos estamos planteando un futuro donde la tecnología se funda en nuestros cuerpos y lleguemos a ser ciborgs, ¿por qué no comenzar haciendo un mundo más amable para cualquier capacidad? Y sin irnos a tecnologías duras o grandes implantes, hay un territorio por explorar en el mundo de las apps. Son programas sencillos, con tareas concretas que nos hacen la vida más fácil desde el móvil o la tablet. Son en definitiva como atajos, accesos directos a funcionalidades pero que nos llevan al mismo lugar en menos pasos. Esta lógica de atajos podría ser la versión digital de las barreras arquitectónicas en la calle, la rampa para subir a la acera.

De hecho algunos informes confirman que el uso de apps está facilitando la vida a personas con discapacidad y les genera más oportunidades de participar tanto en sus entornos directos como en el mundo laboral. En concreto, el informe Tecnología y capacidad de Fundación Adecco y Keysight Technologies Spain afirma que un 60% de las personas con discapacidad usan apps de forma habitual, siendo mayoritariamente las personas con discapacidad visual (77%) y auditiva (73%). Existen funcionalidades específicas que por ejemplo describen lo que aparece en pantalla (nivel de batería, quién llama, notificaciones, etc) e incluso audífonos de las propias compañías creadoras de teléfonos. Además, si los audífonos tuvieran forma de auricular inalámbrico, entran dentro del paisaje habitual de las orejas que nos cruzamos por la calle.

En definitiva, que muchas apps o funciones ya las tenemos en el bolsillo. Poder usar pantallas táctiles o incluso los asistentes de voz supone una gran ayuda a personas con movilidad reducida o con visión limitada. Hacer letras de tamaño modulable o añadir pictogramas e iconos que faciliten la comunicación, son en realidad decisiones concretas de diseño que, ligadas a una voluntad integradora, amplían considerablemente la diversidad de perfiles que pueden utilizar. Para los que sólo piensan en ampliaciones de mercado, sólo diremos que en España hay casi un 10% de personas con discapacidad (según INE 2008).

Lanzo dos pistas para los desarrolladores de la sala: podéis empezar con los 7 principios del Diseño Universal de Ronald Mace, o derribar las barreras conjuntamente, implicando a personas con discapacidad en la siguiente reunión. Es cuestión de ponerse y entender que picar código puede ser la primera chispa de la auténtica inclusión.