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Análisis

Carles Puigdemont recibe tras su discurso el aplauso de los asistentes al congreso constituyente de la Crida.

JORDI COTRINA

Una Crida poco integradora

Xavier Bru de Sala

Si Forn no obtiene un muy buen resultado en Barcelona y si no se halla una fórmula para ir con el PDECat a Europa, la Crida que acaba de nacer deberá quedarse en el congelador

Todas las baterías de la Crida apuntan contra ERC. Como si no tuvieran otros competidores o ya los hubieran integrado y solo faltara convencer a los de Junqueras para desembocar en la tan deseada unidad del independentismo. Del mismo modo que Ernest Maragall hizo público el "vuelvan cuando sean más" (mayoría indiscutible) de algunos líderes europeos, ahora podría decir al nuevo movimiento-partido liderado por Jordi Sànchez: "Volved cuando el PDECat se diluya en la Crida, volved cuando Graupera se apunte a la candidatura unitaria de Forn como hará Mascarell, cuando la CUP no os sea tan hostil y cuando la ANC deje de denunciar a JxCat y a todo el Govern de Quim Torra en peso, sin la menor distinción entre puigdemontistas y republicanos, por pasividad autonomista en sustitución del prometido y no cumplido impulso independentista".

Por mucho que Elsa Artadi, Joaquim Forn y Jordi Sánchez apunten contra Esquerra, la negativa de los republicanos no es el primer problema de la Crida. Ni el segundo. El segundo se llama posconvergencia. El PDECat es hoy un partido de alcaldes, en general buenos alcaldes. Como no pocos líderes locales no ven clara la integración a la Crida, la maniobra salvadora en Barcelona podría consistir en presentar la candidatura Forn-Artadi-Mascarell-Munté bajo las siglas, ya muy envejecidas, de JxCat. En vez de irrumpir en el panorama electoral con la Crida por bandera, la ponen en el congelador. Dada la hostilidad con que muchos de sus antiguos dirigentes hablan en privado del PDECat, la unidad no parece nada clara. ¿Es bueno o malo para sus posibles votantes que el PDECat no se diluya en la Crida? Depende. Para los impacientes, la integración demostraría el engaño, enésima mutación del gen convergente, nueva casa grande en vez de partido nuevo. Para los votantes soberanistas moderados, que quedan, y muchos, el peligro se llama puigdemontismo.

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El primer problema de la Crida, compartido con ERC, es la profunda división del independentismo entre apocalípticos e integrados, una brecha que la fórmula Quim Torra-Jordi Sànchez -integrados de facto, apocalípticos de palabra- no alcanza ni siquiera a disimular. El Govern no aprueba en el sondeo del CEO porque una parte del independentismo, representada por la ANC, es decir, Paluzie Graupera, además de la CUP, lo suspende por moderado, no por la gestión.

El parto ha sido difícil. La Crida Nacional no arrastra al PDECat como pretendía. El independentismo ha pasado de dividido por dentro pero con unidad de acción a subdividido y con total ausencia de hoja de ruta. La capacidad política de Jordi Sànchez está fuera de duda y todo parece indicar que nos encontramos ante un dirigente con futuro. Pero la Crida nace escuálida y no está en condiciones de presentarse con sus siglas en Barcelona y ya veremos si a las europeas. Si Joaquim Forn no obtiene un muy buen resultado en Barcelona, ​​y si PDECat y Crida no encuentran una fórmula para ir juntos a Europa, la Crida que acaba de nacer deberá quedarse en el congelador bajo pena de morir de inanición en la incubadora.