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Análisis

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

José Luis Roca

Moverse bien entre las aguas turbulentas

Sonia Andolz

El tono ha cambiado sustancialmente con Sánchez, pero en el conflicto catalán queda mucho por recorrer y no va a ser un camino amable

El último Consejo de Ministros del año acaba con la comparecencia del presidente del Gobierno y su repaso de lo que lleva de legislatura. Sánchez sitúa a su Ejecutivo en el grupo de los progresistas, feministas y ecologistas y, añade, europeístas. Si bien es cierto que algunos de los logros pertenecen en realidad a medidas aprobadas por el anterior Gobierno, este no lo tenía –tiene– fácil. El gabinete de Sánchez ha marcado diferencia en cuanto al tono y la mayoría de sus miembros se esfuerzan considerablemente por no caer en provocaciones, tanto en el Parlamento como en declaraciones públicas. Ahora bien, ni el Gobierno representa a todo el PSOE ni el tono implica resultados directos. En lo que a Catalunya se refiere queda mucho por recorrer y no va a ser un camino amable.

Sánchez parece moverse bien entre las aguas turbulentas que supone contentar a los barones y sectores más nacionalistas del PSOE y no empeorar la situación con los aliados vascos, catalanes y 'podemitas'. Si bien no es alguien fuerte dentro de su partido –intentaron apartarle como líder– sí lo es entre algunos sectores del electorado del PSOE y eso le sitúa en una posición difícil pero versátil en la que se siente reforzado. Es capaz de pasear por una Barceloneta fortificada por la policía y llegar sonriendo al Consejo de Ministros dando apariencia de comodidad y normalidad. A la vez, consigue en su comparecencia no dejar contento a nadie pero no dar suficiente leña para avivar ningún fuego.

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“Todo es posible…. dentro de la Constitución”. Mazazo al independentismo repitiendo lo que llevamos años oyendo. La Constitución no permite una autodeterminación ni secesión y, por tanto, queda pequeña para el escenario político actual. Sánchez llama a Torra a pasar al diálogo real y, si bien es cierto que el tono de Moncloa ha cambiado sustancialmente, también debe hacerlo el comportamiento. Si no de forma pública, sí en las negociaciones o encuentros que se hagan en privado con el Govern. Es la única vía real para encontrar una solución al conflicto.  

El presidente añade que la Constitución no es tan estrecha y rígida “como algunos quieren verla” y que su Gobierno tiene amplitud de miras al acercarse a ella: aviso a PP y Ciudadanos de que la Carta Magna no puede usarse como arma arrojadiza contra lo que consideren poco español, que aquí nadie reparte carnets aunque algunos lo pretendan. El balance ha resituado al centro político – centroizquierda en el caso del PSOE – en un momento en que algunos quieren que creamos que está más a la derecha. Por el camino, Sánchez consigue alarmar al PSOE más primitivo -que quiere creerse de izquierdas y socialista pero que sigue anclado en el posfranquismo y el miedo a que España se rompa– y contentar a la izquierda actual y a los sectores más progresistas y no nacionalistas españoles que piden a gritos que dejemos de hablar de qué es más o menos español y pensemos más bien en cómo queremos que se viva en España independientemente de quiénes seamos.