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LARGO PLAZO

Punto de rearga eléctrica.

Archivo/El Periódico

Coches y futuro

Olga Grau

La sustitución del diésel y la gasolina comportará una revolución sin precedentes que afectará a la industria más importante del siglo XX y al orden mundial liderado por los países productores de petróleo como EEUU, Arabia Saudí y Rusia

El Gobierno ha decretado que a partir del año 2040 no se podrán vender en España coches que funcionen con gasolina o diésel, una medida que irá seguida de la prohibición total de comercializar vehículos de combustible en el 2050. El plan anunciado por el Ejecutivo persigue cumplir con los compromisos europeos de lucha contra el cambio climático y comportará toda una revolución industrial y social sin precedentes.

Es previsible que este plan afecte a corto plazo a la demanda de automóviles, ya que no resulta atractivo para cualquier consumidor, especialmente para los jóvenes, comprarse un coche de gasolina sabiendo que es una tecnología del pasado, obsoleta y con fecha de defunción. Es un efecto psicológico, porque en realidad un coche adquirido ahora habrá más que superado su vida útil en el 2040, pero en economía la psicología es determinante. 

Por ese motivo, es de prever que la industria acelerará la transformación para dar respuesta a la potencial demanda de coches eléctricos y que también las empresas eléctricas harán una ofensiva para llenar el país de puntos de recarga como estamos empezando a ver con las estrategias de Endesa, Iberdrola y EDP. De esta manera, la sustitución de los coches contaminantes por vehículos eléctricos podría adelantarse a los plazos previstos.

Pero, ¿qué consecuencias tendrá para la industria y el empleo? La del automóvil recuerda a la evolución de otras industrias, como la de los televisores de tubo catódico, en su transformación a las pantallas de plasma. España era uno de los mayores polos industriales de esos mamotretos que decoraban los salones familiares, hasta que aparecieron las finísimas y modernas pantallas planas. La transición fue corta y terminó con el cierre de las fábricas históricas de Sony, Thomson, Sharp, Samsung y Philips, entre muchas otras. Y las pantallas de plasma empezaron a llegar de China. 

Cada época de la historia ha tenido sus industrias. El automóvil ha sido y es la gran industria española del siglo XX con casi tres millones de coches producidos al año, de los que un 84% se exportan. Las fábricas que llegaron a España por sus bajos costes de mano de obra siguen todavía hoy debido a las mejoras de productividad del sector y al consumo interno, pero el futuro no está escrito y es más bien incierto si no se toman decisiones estratégicas urgentes.

El reto al que se enfrenta ahora la industria para adaptarse a los nuevos tiempos es global y llega en un momento de descrédito total de los gestores que están al frente de estos gigantes con el escándalo de Volkswagen con el dieselgate y la caída por corrupción de Carlos Ghosn en la alianza Nissan-Renault. El desafío no será solo para los grandes lobis automovilísticos.

También afectará a los países productores de petróleo, como Arabia Saudí, Estados Unidos y Rusia, que verán como los ingresos por la venta del oro negro caen y con ellos su poder. De esta manera, con un orden mundial ya no establecido en base al poder del petróleo, China e India no dudarán en tomar el lugar que siempre han creído que les corresponde. Y ya se están preparando. 

Temas: Dieselgate