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Dos miradas

'El mal querer' nació como un trabajo de fin de grado, después vino todo lo demás, una ambición, un plan, moldeados en un entorno familiar que no renuncia al estallido que ahora es un huracán

Hay muchos detalles en la vida de Rosalía que hacen que el fenómeno que ahora empieza a ser de alcance mundial sea interesante, muy interesante. Su paso por el Taller de Músics y por la Esmuc, por ejemplo, un largo recorrido de aprendizaje, más de siete años, que nos habla de un proceso, de una acumulación de registros y de conocimientos. Nada que ver con un estallido repentino o con una operación de márketing diseñada por una multinacional. Es innegable que jugar en la primera división pasa por anunciar el nuevo álbum a la élite publicitaria de Times Square, pero antes estaban los campos de regional. Y no escribo esto con aires de desprecio, al contrario. La educación, el rigor, son fundamentales y es en este territorio cercano, cuna de músicos extraordinarios y de experimentación acústica, donde se establecen las bases de lo que ahora llamamos 'diva global'. Del mismo modo que los jugadores que ganan el Balón de Oro asentaron los principios de la técnica con entrenadores que no soñaban con la Champions sino con aquel partido humilde de cada domingo.

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El álbum que es un triunfo universal nació -lo cuenta ella misma en un pequeño documental del concierto de presentación de 'El mal querer (EMQ)'- como un trabajo de fin de grado. Después, vino todo lo demás. Y, sobre todo, una ambición, un plan, moldeados en un entorno familiar que no renuncia al estallido que ahora es un huracán. Con una sintaxis y con una historia fascinantes.