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Torra y Aragonès, durante la reunión que han mantenido este viernes en el Parlament.

TONI ALBIR (EFE)

No nos haremos daño, ¿verdad?

Carmen Juan

El intento de Torra de ocultar su incompetencia chantajeando a Pedro Sánchez solo ha servido para ir pinchando más la "burbuja mágica del independentismo"

Saben aquel que dice que un tipo va al dentista a sacarse una muela y cuando el médico se le acerca le coge por los huevos y mientras se los aprieta le dice: "Doctor, ¿verdad que no nos haremos daño?" Así nos hemos quedado tras la última semana, reducidos a un chiste que tiene la gracia en el verbo que tanto le gusta usar a Quim Torra: "apretar". 

Como dice el refrán, "Quien mucho abarca poco aprieta", así que el intento de Torra de ocultar su incompetencia y su descrédito, chantajeando a Pedro Sánchez con hacerle la vida imposible en el Congreso si no se rinde y le monta un referéndum, solo ha servido para ir pinchando más la "burbuja mágica del independentismo" de la que habla Gabriel Rufián.

Tras una semana horribilis en la que Torra ha hecho de Penélope, tejiendo y destejiendo apretones, ha empezado la operación para blanquear las malas relaciones entre los socios del Govern. Hemos visto a Torra en el Palau junto a Pere Aragonès, ambos en mangas de camisa, dando una imagen informal y de normalidad a algo que, por su revuelo mediático se revela como extraordinario.

Tras ser abucheados a las puertas del Parlament, también Torra y Torrent han reaparecido juntos para celebrar el Día Mundial de la Salud Mental -bien traído visto que Catalunya se parece cada vez más a un frenopático-. La legislatura "está tocada de muerte", dice la CUP, pero la ANC no se da por aludida y se suma a la moda del chantaje y exige seguir en la vía unilateral o lanzarán las calles contra el Govern.

En este precario equilibrio Junts per Cat ERC pretenden aguantar juntos como sea, al menos hasta que haya una sentencia en el Tribunal Supremo, lo que significa reconocer que al 'procés' solo le quedan los presos y los exiliados para mantenerse en pie.

El ultimátum de Torra le ha venido bien a Pedro Sánchez, que lo rechazó la misma tarde a través de una contundente Isabel Celaá. Le ha permitido al Gobierno dar una imagen de autoridad tras unas semanas renqueantes entre dimisiones, acosos a ministros y la frustración de no dar salida a los Presupuestos, y le sirve también para dar largas a Torra para esa segunda reunión que ambos presidentes quedaron en mantener en otoño.

Esa foto no resultaría ahora muy conveniente, cuando además desde PP Ciudadanos insisten en que Sánchez es "rehén de los separatistas" y concentran su labor de oposición en sacar a la calle banderas españolas a la mínima ocasión. Así empezamos la semana de la Hispanidad, con Pablo Casado reunido con el PP en Barcelona para reivindicar "el espíritu del 8 de octubre", y con los actos organizados por Sociedad Civil Catalana por un lado, y por otro Ciudadanos para celebrar el primer aniversario de la marcha por la unidad de España frente al independentismo.

La gran efeméride del unionismo en Catalunya no se distingue por la unidad precisamente y el héroe de esa marcha fue un renacido Josep Borrell que les leyó la cartilla a todos y ahora es el Ministro de Exteriores de un Gobierno al que desearían tumbar a toda costa.