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EL ABRAZO DEL DRAGÓN Y EL OSO

Vladímir Putin y Xi Jinping eligen su comida durante el Foro Económico Oriental, celebrado en Vladivostok (Rusia) el 11 de septiembre del 2018.

AP / TASS / SERGEI BOBYLEV

Xi y Putin, frente al enemigo común

Georgina Higueras

Ambos estadistas comparten el sentimiento de que sus naciones han sido víctimas de Occidente, que no las ha tratado, ni las trata, como se merecen

Más allá de la errática política exterior de EEUU, seguida por sus dóciles socios europeos, que ha propiciado el abrazo del dragón y el oso, el estrechamiento de las relaciones China-Rusia se debe principalmente al buen entendimiento entre Xi Jinping y Vladímir Putin. El arranque simultáneo de las mayores maniobras militares rusas de la historia, en las que participan 3.200 soldados chinos, y del 4º Foro Económico Oriental, que se celebra en Vladivostok con la presencia de Xi, no ha sido coincidencia. Tanto Moscú como Pekín han querido mandar a Washington un mensaje muy claro de unidad frente al enemigo común.

Desde su ascenso a la secretaría general del Partido Comunista Chino (PCCh) en noviembre de 2012, Xi y Putin se han reunido 27 veces y se han esmerado en sacar brillo a su cordial relación. El presidente ruso impuso al chino en 2017 la orden de San Andrés, la mayor condecoración desde el tiempo de los zares, y el pasado junio, Xi honró a Putin con la primera Medalla de la Amistad de la historia de China. Estos gestos, unidos a múltiples declaraciones de que las relaciones entre los dos países se hallan “en su nivel más alto” (Putin) y son “maduras, estables y sólidas” (Xi), revelan el interés de ambos líderes por hacer de su cooperación una historia de éxito.

Xi y Putin comparten el sentimiento de que sus naciones han sido víctimas de Occidente, que no las ha tratado, ni las trata, como se merecen, y están empeñados en que sus países recuperen el prestigio perdido. Aunque las relaciones China-Rusia han atravesado periodos de inestabilidad y conflictos armados en distintos puntos de sus 4.250 kilómetros de frontera común, ambos dirigentes apuestan por consolidar una confianza política que permita forjar un frente común que arruine los impulsos desestabilizadores de Trump.

Pekín insiste en su política de no alineamiento, pero es consciente de que el Ejército ruso está mejor preparado para el combate que el chino, de ahí que fomente la cooperación estratégica. Quiere aumentar la capacidad de combate y el adiestramiento de sus Fuerzas Armadas. Además, China que sufre un embargo de armas y tecnología de doble uso impuesto por EEUU y la UE desde 1989, se nutre de armas y equipamiento rusos para modernizar su arsenal.

Las sanciones impuestas por Occidente a Rusia por su papel en la desestabilización de Ucrania y su anexión de Crimea propiciaron el giro asiático del Kremlin. La guerra comercial desatada por Trump contra China refuerza ahora la cooperación económica con Moscú, en un momento en que ambos países están envueltos en dos grandes proyectos de expansión de su influencia: la nueva Ruta de la Seda y la Unión Económica Euroasiática. Dispuestos a unir sinergias para obtener mayores beneficios, están realizando una enorme inversión en infraestructuras para facilitar el transporte de mercancías y energético entre los dos países y con los de su entorno. China es ya el primer socio económico de Rusia tanto por volumen de comercio –se espera que este año supere los 100.000 millones de dólares-- como de inversión y Rusia es el primer suministrador de gas y petróleo del dragón.

Putin y Xi no son líderes que se encojan ante las hostilidades, por el contrario, se crecen con los grandes desafíos. 

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