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Los años 80

La década del lavado de cara

Juli Capella

El diseño gráfico fue uno de los primeros cambios que pudo visualizar el ciudadano de a pie en la calle

De repente, un día, empresas de casposa imagen como Renfe, Iberia o Correos nos sorprendieron con una nueva marca limpia y afable. Diarios como 'El País' o EL PERIÓDICO saltaban al quiosco con un aspecto refrescante, diferente a los clásicos 'ABC' o 'La Vanguardia'. Los bancos, que tenían anagramas enrevesados con letras romanas, pasaban en un plis plas al jolgorio tipográfico colorista. Fue la década de los 80, cuando España decidió sacudirse el muerto del palurdismo y volverse moderna. Y vaya si lo logró. Tras tantos años de constricción, las ideas bullían. Queríamos ser los más vanguardistas de Europa, que viesen que la dictadura, que nos había avergonzado durante tantos años, no había hecho mella en la creatividad; al contrario, la había reconcentrado.

El diseño gráfico fue uno de los primeros cambios que pudo visualizar el ciudadano de a pie en la calle. Cruz Novillo y Alberto Corazón, en Madrid; Enric Satué y América Sánchez, en Barcelona, entre otros, crearon una ola de renovación en las instituciones públicas, que inmediatamente arrastró a la empresa privada. Se extendió con rapidez el concepto de imagen corporativa. Quien no tuviese una marca moderna, no iba a salir en la foto. Estaba en juego la influencia social y el 'business': con un logotipo caduco podías perder mercado. Y ahora que íbamos a entrar en Europa, se trataba de homologarse. No es exagerado decir que durante esa década la imagen del país dio un vuelco radical, desde los ministerios hasta las tarjetas de visita de todo quisque. También cambió el paisaje del supermercado, el etiquetado tradicional quedaba obsoleto frente al empaquetado de importación, mucho más atractivo. Podemos hablar de una transición gráfica pareja a la política, ambas epidérmicas.

Ese apasionante momento del "estudias o diseñas" queda plasmado en la interesante exposición comisariada por Raquel Pelta en el Museu del Disseny.

Ahora, cualquier logotipo es tan creativo y tan relamido que no estaría mal volver a ensuciarnos un poco la cara.

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