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LA CLAVE

Quim Torra y Carles Puigdemont, en la rueda de prensa que dieron en Bruselas, el pasado 28 de julio.

REUTERS / ERIC VIDAL

Cosas que ya se han roto en Catalunya (2)

Luis Mauri

Hoy solo se puede negar la fractura social entre catalanes si no se considera como tales a los que están en el lado no independentista de la línea divisoria

Hace diez meses, pocos días antes del 1-O, contaba aquí tres historias con protagonistas de carne y hueso y un denominador común. Eran testimonios de relaciones afectivas alteradas, zarandeadas o incluso quebradas por la fractura social catalana. Esas tres historias no tenían ningún valor estadístico, pero desnudaban la grieta que el ‘procés’ ha abierto en la piel de la sociedad.

Desde entonces, he recibido noticia de bastantes más relaciones personales desvalorizadas por la misma causa. Y suelen mostrar una particularidad llamativa. Quienes dan cuenta de que el conflicto les ha afectado o les está afectando en el terreno personal o social son casi invariablemente la parte no independentista de la relación.

La escena política reproduce esta significativa característica. Las fuerzas independentistas niegan con rotundidad que en Catalunya se haya abierto una brecha social a raíz del choque identitario. Despachan el asunto como una mera división de opiniones políticas, nunca como una quiebra del cuerpo social. Refieren y publicitan una ruptura entre Catalunya y el resto de España con tanto ardor como niegan que haya una fractura entre catalanes.

'Pepero' o patriota

Días atrás, un publicitario y escritor de viajes sentenciaba: "Inés Arrimadas no representa a los catalanes. Representa a un grupo de españoles que viven en Catalunya sin emoción. Muchos ni hablan ni quieren hablar catalán. Mucho pijo mantenido de zona alta exvotante del PP mucho inadaptado social que no se integra". Y una histriónica propagandista del ‘procés’ presentaba a su pareja en televisión más o menos con estas palabras: "Antes era ‘pepero’, pero ahora es un patriota". Miles y miles de personas jalearon con frenesí ambas ocurrencias.

Pero no hay fractura social, insisten el Govern de Torra y los partidos que lo integran. Es esta una insistencia que casa mal con el razonamiento empírico. La única forma de sostener que hoy no existe una brecha entre catalanes es considerar que los que se encuentran en el lado no independentista de la línea divisoria no merecen la categoría de catalanes.

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