ANÁLISIS

Cosas que ya se han roto en Catalunya

Tres historias personales que señalan con nitidez hasta qué punto el conflicto político está agrietando la sociedad catalana

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Manifestación de la Diada, en la plaza de Catalunya de Barcelona.

Manifestación de la Diada, en la plaza de Catalunya de Barcelona. / JULIO CARBÓ

El señor K., hoy en la setentena, conoció hace cinco o seis años a la señora X., siete años menor que él. Enseguida entablaron una amistad sólida, fraguada en una complicidad espontánea. Un año más tarde iniciaban vida en común como pareja. Ella es independentista, él no. Nunca pensaron que eso fuera a inmiscuirse en su realción, mucho menos a dinamitarla. Al cabo de dos años de convivencia, las diferencias ideológicas aconsejaron orillar el tema en las conversaciones caseras. No siempre era posible manejarse en el silencio. Las discusiones eran cada vez más frecuentes, más agrias. Medio año después, la pareja se rompía. 

La señora Y. y el señor Z., a caballo de la treintena y la cuarentena, creador cultural él, empleada en un servicio público ella, hace tiempo que decidieron excluir la cuestión catalana de sus conversaciones particulares. Sus posiciones respectivas parecen no hallar un punto de conciliación. La pareja es feliz se ama, está buscando su primer hijo. Pero a ninguno de ambos se le escapa la extrañeza de que un tabú se interponga entre ellos hasta el punto de exigirles silencio. ¿Se habituarán? ¿Serán capaces de normalizar la anormalidad? ¿Se convertirá el tabú en un virus infeccioso, letal? 

Hubo un momento en que nos creímos invulnerables. Nos creímos vacunados por el racionalismo contra los delirios de las fes ciegas. 

El señor A. y el señor B. son amigos íntimos y compañeros de profesión desde hace más de 30 años. A. es independentista, B. no. A lo largo de su relación, han comido o cenado juntos más veces que con sus respectivas parejas. Han compartido viajes, momentos felices, malos tragos, rupturas y nuevas vidas. Hace unos dos meses que no se ven. A. se siente insultado por las opiniones de B., contrarias a la dirección y la naturaleza misma del 'procés'. Ha evitado los últimos encuentros: no se sentiría cómodo fingiendo ante su amigo que no está enojado con él. Tras dos meses de alejamiento, ambos coinciden en que deben preservar el valor de su amistad. Se han citado a almorzar esta semana. 

Bajo normas comunes

Tuve conocimiento directo de estas tres historias reales el fin de semana pasado, en un lapso de poco más de 36 horas. Evidentemente, no tienen ningún valor estadístico, pero señalan con nitidez hasta qué punto el conflicto político está agrietando la sociedad catalana. No solo la sociedad entendida como el conjunto de personas que conviven y cooperan bajo un sistema de normas comunes; también las relaciones afectivas y emocionalesrelaciones afectivas y emocionales en el ámbito privado de las parejas, las familias y los grupos de amigos.  

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Hubo un tiempo no tan lejano en que creímos que había cosas que nunca podrían pasar aquí, que nunca podrían volver a pasar aquí. Pero la realidad es bien diferente. Esas cosas que creímos que nunca podrían sucedernos, ya nos están sucediendo. En algunos casos, ya nos han sucedido. Hubo un momento en que nos creímos invulnerables. Nos creímos vacunados por el racionalismo contra las fes ciegas. Pero erramos en el diagnóstico.

¿De qué más estamos seguros que nunca puede ocurrir aquí?