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Editorial

Salvini y Open Arms, las dos Europas

Al negar el puerto a los barcos de Open Arms, Salvini pretende mucho más que combatir la inmigración: quiere librarse de los testigos de la ignominia

La única superviviente hallada en el barco medio hundido en aguas de Libia, este martes.

La única superviviente hallada en el barco medio hundido en aguas de Libia, este martes. / REUTERS / JUAN MEDINA

A la ultraderecha no le gustan los héroes humanistas. Tampoco las personas buenas. Quizá ni siquiera las personas. El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, ha prohibido a los dos barcos de Open Arms atracar en puerto italiano. “Que se ahorren dinero y tiempo, los puertos italianos los verán en postal”, anunció Salvini. A esta bravuconería, el fundador de la oenegé, Óscar Camps, respondió acusando a la Guardia Costera libia (a la que Italia delega las operaciones de salvamento) de la última tragedia: dos mujeres y un niño de 4 años abandonados en un buque hundido. Cuando Open Arms los localizó, solo una mujer seguía con vida.

La política de hechos consumados le ha ido bien a Salvini. En su primer plante consiguió que el 'Aquarius' pusiera rumbo a España. Hace apenas una semana acordó con los ministros de Interior de Alemania y Austria reducir “en lo posible a cero” la inmigración ilegal a la UE. También la presidencia temporal de Austria favorece su tesis de la Europa fortaleza. Con el cierre de fronteras como estandarte, la ultraderecha planta batalla a los restos de la socialdemocracia y socava los valores de Europa. Al negar el puerto a los barcos de Open Arms, Salvini pretende mucho más que combatir la inmigración: quiere librarse de los testigos de la ignominia. No más fotos de naufragios, no más héroes salvando vidas, no más emociones que muevan a la solidaridad. Para imponerse, la Europa de Salvini necesita dejar varada a la Europa de Open Arms.