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cumbre en bruselas

Los europeos deben gastar más en defensa y sobre todo hacerlo de forma eficiente aplicando economías de escala a su fragmentada industria armamentística

“Soy muy consistente. Soy un genio muy estable”. “Tengo propiedades en Irlanda. Tengo propiedades por todo el mundo. Creo que gusto mucho”. Adivinen: ¿cuál de los 29 líderes de la OTAN reunidos en Bruselas ha dejado a su paso semejantes perlas? Tras la perplejidad o la risa que producen las intervenciones de Donald Trump, emerge siempre la misma pregunta: ¿cómo evitar que el mundo se desmorone mientras siga en la Casa Blanca?

Dijo Lord Ismay, primer secretario general de la OTAN, que su deber era “mantener a los soviéticos fuera, a los americanos dentro y a los alemanes abajo”. Hoy podría sustituir el último de los objetivos por este otro: domar los primitivos instintos de Donald Trump. Un asunto complicado.

Trump es una suerte de jefe en esta alianza militar. Estados Unidos representa por sí solo el 40% del gasto total del mundo en defensa. El conjunto de los países de la UE suma el 16%, China el 9,7% y Rusia el 6,7%. No es nueva la queja de Trump, heredada de sus predecesores. La mayoría de los europeos, con excepción de Grecia, Polonia, Reino Unido y Estonia, no cumplen con lo acordado entre los socios de la OTAN: dedicar al menos el 2% de su PIB a defensa. España no alcanza el 1%. Estados Unidos gasta el 3,5%.

Un bravucón

Una cosa es ser el jefe y otra comportarse como un bravucón que intimida a sus aliados poniendo en riesgo la paz y los valores del mundo libre que fundaron este próspero universo atlántico desde la segunda guerra mundial. Trump ha amenazado frívolamente con sacar a Estados Unidos de la OTAN para después decir que no será necesario porque ha logrado que sus aliados se comprometan a gastar más. También ha mezclado sus disputas comerciales -ámbito en el que va camino de provocar un gran incendio- con la seguridad, como si peras y fusiles fueran asuntos de la misma naturaleza.  

El irresponsable comportamiento del genio Trump no debe ocultar lo evidente: los europeos deben gastar más en defensa y sobre todo hacerlo de forma eficiente aplicando economías de escala a su fragmentada industria armamentística. Tomarse en serio la mil veces anunciada defensa común europea ha pasado de ser una buena idea a un objetivo inaplazable ¿Quién puede confiar en estos Estados Unidos para protegernos de Vladimir Putin?

Número de tanques

Sería miope, en todo caso, juzgar la fuerza de Europa por su gasto en defensa. En este mundo de PutinTrump y otros hombres fuertes, sería tentador medir la fuerza exclusivamente por el número de tanques. Sería un error. La Unión Europea es una especie de “súper-poder invisible”, como dice el académico Andrew Moravcsik.

Europa es el primer bloque comercial del mundo, lidera el planeta en asuntos como el cambio climático y ejerce la persuasión a través del poder blando de manera eficaz, lo que le dota de una especial capacidad para encontrar aliados. Si los europeos quieren domar a Trump, deben actuar unidos y espantar a sus propios aprendices del presidente norteamericano: SalviniSeehoferOrbán y otros tantos.

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