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Dos miradas

Más allá de independencias o repúblicas es una indignidad inefable que gente como Jordi Cuixart y Jordi Sànchez esté encerrada en una prisión

Todos los que han visto el documental del 20-S por fuerza deben acabar convencidos de unas cuantas certezas. La primera, que tanto Jordi Sànchez como Jordi Cuixart evitaron, con esfuerzo, con contundencia, con paciencia, con determinación, que la concentración ante la Conselleria d'Economia derivara en una situación gravísima. Justamente la situación que los tribunales después han tratado de inventar (y se lo han creído) para llevarlos a la cárcel. Hablaba con un amigo experto en temas de seguridad y me decía que dejar armamento dentro de un vehículo de la policía, sin custodia, era una falta de profesionalidad que ningún agente se podía permitir y que un acto así está sancionado por el reglamento. No parece, pues, que se olvidaran de las armas sino que pretendían otra cosa.

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Reflexionar sobre esto nos informa de la gravedad de lo que podía haber ocurrido. El documental también es aterrador cuando enseña la evolución de los hechos ante la sede de la CUP. Contemplada en la distancia de los meses, la escena (una tensa espera que se debate entre la provocación y la insólita contención pacífica) hiela el corazón. Es la segunda certeza. La tercera está en la carta que Cuixart escribió en EL PERIÓDICO. "El diálogo es un instrumento de construcción de sociedades maduras". Y la cuarta, que es obvia pero que hay que repetir hasta la extenuación: más allá de independencias o repúblicas es una indignidad inefable que gente así esté encerrada en una prisión.

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