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LA CLAVE

La vía unilateral de Sánchez

Enric Hernàndez

Pese a la hostilidad de la derecha y el menosprecio independentista, el presidente debe trazar su propia hoja de ruta para encauzar el conflicto catalán

El traslado de los independentistas presos a cárceles catalanas, ya activado por Interior, ”humilla a los españoles” (PP) o es una “moneda de cambio” de Pedro Sánchez por el apoyo soberanista a su investidura (Ciudadanos). Para el ‘president’ Quim Torra no llega ni a “gesto”, pues “deberían estar libres”. Claudicación para la derecha española, nadería para el independentismo catalán.

Los guiones, a la vez antagónicos y complementarios, están ya escritos: las ofertas del Gobierno a los catalanes –no solo, ni principalmente, a los independentistas-- serán delito de lesa patria para unos y migajas autonómicas para otros. Ni la oposición conservadora facilitará una salida dialogada al conflicto  –la explotará electoralmente, más bien--, ni el soberanismo aceptará dócilmente que toda negociación debe enmarcarse en el respeto a ley (reformable) y en la renuncia a la unilateralidad (irrepetible). 

Terreno minado, pues, el que explora Sánchez. Porque ni siquiera a los pragmáticos de ERC y PDECat les resulta sencillo convencer a sus bases de que el 1-O puede conservarse como tótem del soberanismo, pero ni suministra mandato democrático alguno ni se podrá reeditar en el futuro.

El presidente español solo tiene una alternativa: activar la agenda catalana de forma unilateral, sin esperar reciprocidad por parte de la Generalitat. Esto es, impulsar por su cuenta medidas tendentes a normalizar la política catalana: desoyendo ataques y provocaciones, procurar la excarcelación de los presos, retirar impugnaciones, mejorar la financiación, restañar los recortes del Estatut... Y dejar que el independentismo decida si se sienta a la negociar o se enroca en sus ensoñaciones maximalistas.

¿TARRADELLAS O MAS?

La demanda de un referéndum de autodeterminación pactado estará sobre la mesa de la Moncloa en la cita del 9 de julio, pero Torra sabe de antemano que Sánchez le dará calabazas. Por convicción propia, sí, pero también porque lo rechaza el 72% del Congreso.

Emular el posibilismo de Josep Tarradellas en su primera cita con Adofo Suárez o el tacticismo de Artur Mas cuando buscó el portazo de Mariano Rajoy. El ‘president’ decidirá... o no. 

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