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Un encuentro internacional

Juegos Mediterráneos, mucho más que deporte

Anwar Zibaoui

A medida que la polarización y la violencia separan naciones y pueblos, la demostración de la unidad deportiva es realmente inspiradora

Tarragona acogerá desde esta semana los XVIII Juegos Mediterráneos. Es la tercera edición organizada en España, tras Barcelona-1955 y Almería-2007. Estos juegos llegan en un momento clave: el Mediterráneo acumula conflictos y una tragedia humana que precisa un enfoque coordinado y global.

La paz olímpica en la antigua Grecia era un periodo de tregua en el que se suspendían las hostilidades para que los deportistas se desplazaran para participar en los Juegos Olímpicos. Los representantes de las ciudades-estado griegas aprovechaban la tregua para mantener negociaciones de paz.

La diplomacia deportiva es un instrumento de poder blando y puede jugar un papel importante. Hemos visto cómo ha podido pavimentar el camino para una solución pacifica de algunos conflictos pasados. Ojalá ese pueda ser el caso en la región mediterránea. El objetivo principal de los Juegos Mediterráneos es acercar las orillas y sus pueblos. Sus emblemas simbolizan los tres continentes unidos por el mismo mar.

Cooperación, paz y distensión

El deporte es una fuerza poderosa para la cooperación y la paz, facilitando la distensión. Existen numerosos ejemplos. Se progresó con el cricket entre India y Pakistán. El fútbol entre Alemania Oriental y Occidental. Nelson Mandela impulsó el rugby en Sudáfrica. O en las Olimpiadas de Invierno de Pyeongchang, con la participación de atletas de las dos Coreas bajo una bandera combinada.

Es reconocido el poder del deporte para inspirar y promover los valores de trabajo en equipo, no violencia, igualdad de género, integración social, tolerancia y justicia. Valores más allá de fronteras, culturas, razas o religiones.

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En una región con una desigualdad aguda y profunda agitación, el deporte facilita la integración social y desarrollo económico, y se convierte en un instrumento para abordar la violencia y la inseguridad y ofrecer mejores oportunidades a los jóvenes. Los países ribereños tienen mucho en común. Un mar, una historia, cultura, alimentación, y valores que recuerdan que es posible trabajar juntos y crear un nuevo destino común. Estos valores son los que transmite el deporte, y la pasión con la que los jóvenes lo viven es seguramente lo que fastidia a los grupos que buscan el choque de civilizaciones.

El carácter polivalente del deporte permite abarcar funciones educativas, sociales, de salud o económicas. Crecen las empresas que enfocan su estrategia, productos o servicios en torno al deporte y numerosos sectores se benefician de las actividades culturales, económicas o recreativas asociadas, como telecomunicaciones,construcción o turismo.

Los Juegos Mediterráneos en Tarragona pueden ayudar a crear un marco de encuentro en un momento en que se multiplican los desencuentros. Crear puentes en tiempos de muros, Tarragona está preparada para hacer historia: es seguramente el mensaje en momentos de creciente tensión regional. A medida que la polarización y la violencia separan naciones y pueblos, la demostración de la unidad deportiva es realmente inspiradora.

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