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DOS MIRADAS

Un Mundial

SERGEI ILNITSKY

Hay gente que cuando llega esta competición cierran puertas y ventanas y se recluyen en casa (o en el bar más cercano)

Hay una escena que corre por Internet en la que un chico argentino expone a su pareja la imposibilidad de ir un determinado sábado del mes de junio en una boda a la que están invitados. "¡Es el Mundial!", dice él. Y ella le pregunta qué partido tan importante juegan ese sábado. "Debe de ser de la Argentina", añade la joven, dando a entender que, si fuera de Argentina, podría llegar a comprender su obsesión. "No, Argentina juega otro día", dice el chico. "El partido del que te hablo es México contra Corea del Sur". Entonces comienza el gag. La chica -como es natural- se queda estupefacta y se enfada, con toda la razón del mundo. Y él comienza su particular teoría sobre el Mundial. "Ese primo que se casa, ¿no podía haber elegido otro mes u otro año? ¿Sólo hay un Mundial cada cuatro años, ¿no tenía tiempo de hacerlo antes o después? ¿Y ha tenido que querer casarse justo el día que dan México contra Corea del Sur?".

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Hay gente así. Cuando llega esta competición cierran puertas y ventanas y se recluyen en casa (o en el bar más cercano) para no perderse ni un detalle de unos partidos que, en otras circunstancias, serían lo más aburrido del mundo. Ahora también lo son, aburridos y soporíferos, pero resulta que están guardados en un cofre con el que, al abrirlo, aunque dentro haya un México-Corea del Sur, estalla el perfume de la infancia, de aquellos días de Mundial donde sólo importaba el fútbol.

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