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Análisis

Abidal y el Barça más francés

Jordi Puntí

La buena estrella del exfutbolista francés no disfraza la desorientación de la directiva ante el perfil del secretario técnico

Cada cuatro años, cuando llega el Mundial, tengo la sensación de asistir a una especie de Concilio Vaticano del fútbol. Es una gran ocasión para evaluar la buena salud de esa suerte de religión que nos une a todos. Durante varias semanas se reúnen los cardenales y los obispos del balón, los novicios y los que solo son profetas en su propio país (o selección). Asistimos al nacimiento de nuevos talentos y vocaciones, pero también revivimos esos nombres que buscan una última oportunidad para brillar en la historia del juego bonito. Nadie quiere perderse un mundial y así, de repente, reaparecen esas estrellas que hasta ahora vivían medio retiradas, jugando como quien evangeliza en los confines del futbol, misioneros del balón.

La vida del futbolista de élite sigue sieno un privilegio cuando los focos se apagan

Hace días que tenemos por aquí a Xavi Hernández, por ejemplo, que se está tomando un descanso de su experiencia en la liga de Qatar. Se ha sacado el título de entrenador -buena señal para el futuro blaugrana- junto a nombres como Xabi Alonso, Raúl o Víctor Valdés. Esta semana, además, apareció en el programa Islàndia, que conduce Albert Om en la emisora RAC-1, y dio toda una lección de humanidad.

El periodista propició el encuentro de Xavi con Dabo, un joven senegalés que hace unos años llegó en patera a Tenerife, tras tres días a la deriva en el mar. Cuando una asistente de la Cruz Roja le preguntó hacia donde quería ir, él respondió: “Quiero ir a ver a Xavi”. Ahora, años después, viviendo ya en Barcelona, donde trabaja como sacristán en una parroquia, tuvo la oportunidad de conocer en persona a su ídolo. La charla animada sirvió para confirmar, por una parte, que el sueño de los inmigrantes avanza siempre entre penurias y anhelos, pero también que la vida del futbolista de élite sigue siendo un privilegio cuando los focos se apagan.

Una jugada influyente

Como Xavi, estos días también ha sido noticia otro jugador que conoce bien el prestigio retrospectivo, ya retirado: Éric Abidal. Su elección como secretario técnico del FC Barcelona, en un cargo que tendrá la colaboración experta de Ramon Planes, se me antoja como una jugada influyente. Se busca en la figura de Abidal el magnetismo de un relaciones públicas, más que su intuición de técnico inexperto. Su ascendente en los éxitos recientes del Barça -ese equipo de oro de Guardiola- de alguna forma le blinda de cara a posibles fracasos, y además tiene a su favor que conoce desde dentro el ideario del juego blaugrana.

Pese a todo, la buena estrella de Abidal no disfraza el carácter caprichoso y desorientado que la directiva ha mostrado ante el perfil del secretario técnico desde que echó a Zubizarreta, en enero del 2015. Se puede incluso argumentar que el de Abidal es un fichaje pensado sobre todo a corto plazo: con Dembélé y el renovado Umtiti en el equipo, el Barça del futuro podría tomar un perfil aun más francés. Ahí están las apuestas por Griezmann y Lenglet, quizá a la espera que la influencia de Abidal les acabe de convencer. Si además, por algún azar no del todo imposible, Francia ganara el Mundial de Rusia, la apuesta sería doblemente acertada. 'À suivre'...  

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