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LA CLAVE

Rajoy, en el hemiciclo, tras el debate de la sesión matutina.

EFE / JJ Guillen

La soberbia de Rajoy

Olga Grau

El presidente del Gobierno ha caído fulminado por la corrupción sistémica del PP cuando menos se lo esperaba y tras años en los que ha tratado con desprecio a toda la oposición

La corrupción sistémica del PP ha fulminado la carrera de Mariano Rajoy, el líder más resiliente de la historia de la democracia española. Y ha sucedido cuando hace una semana esa posibilidad era remota. Rajoy,  el político que ganó las elecciones del 2011 diciendo que no subiría el IVA ni el IRPF, y le faltó tiempo cuando llegó a la Moncloa. Rajoy, el líder que pilotó la política económica en los años más difíciles de la crisis y aseguró que España no sería rescatada como Grecia, Irlanda o Portugal, y poco después negoció con la Unión Europea un rescate de 100.000 millones de euros para la banca española sin ni siquiera preocuparse de comparecer ante la prensa.

Rajoy, el presidente que aprobó una reforma laboral que abarató el despido y desvinculó las pensiones del IPC, el mismo que aprobó la ley mordaza, la legislación más retrógrada de la democracia. El político que dejó que el conflicto catalán se enquistara, se judicializara y se convirtiera en la mayor crisis territorial de los últimos cuarenta años. Ese político al que los analistas han calificado de pasivo y de flemático, ha sucumbido en el fango de la corrupción de su partido tras la sentencia de Gürtel. Y ha pasado en un momento en el que la legislatura parecía garantizada, apenas una semana después de que lograra aprobar los presupuestos del 2018 con los apoyos de Ciudadanos y del PNV a cambio de ofrecer a los vascos pingües beneficios.

Los argumentos de Rajoy contra un Pedro Sánchez más seguro y brillante que en anteriores debates no han alterado un ápice lo que ya estaba decidido de antemano. El PNV no estaba dispuesto a pasar a la historia como el partido que con cinco escaños salvaba a Rajoy y, de todas maneras, el PSOE ya le había garantizado que iba a mantener las cuentas. Rajoy se despidió en su discurso con la frase: "Seguiré siendo español". Como si el debate fuera sobre la identidad y no sobre su continuidad como presidente del Gobierno. Tras estas palabras abandonó el Congreso y no regresó durante la sesión de la tarde ni siquiera para presenciar en directo cómo el PNV le dejaba caer. Una ausencia que aunque esté permitida por el reglamento dice bastante de cómo ha actuado Rajoy con toda la oposición durante sus años de mandato: con soberbia y desprecio.