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La lacra machista

Los cinco miembros de La Manada en Sanfermines 

No va a quedar así

Marta Roqueta

Los hombres deben rechazar en sus círculos íntimos actitudes y actos sexistas, incluso las bromas, y dejar de encubrir o disculpar a quienes lo hacen

¿Cómo influirá el veredicto del 'caso la Manada' en nuestra visión sobre las agresiones sexuales? Se condena a los acusados por abuso sexual, no por violación. Al parecer, arrinconar una joven entre cinco, llevarla a un portal, penetrarla anal, bucal y vaginalmente sin su consentimiento, grabarlo todo, eyacular sin preservativo y dejarla tirada quitándole el móvil no es ni violento ni intimidatorio. Cuesta imaginar qué puede ser una violación para los jueces.

Me preocupa, además, que a partir de ahora actos menos agresivos y más naturalizados, como los tocamientos y el acoso sexual en la calle o en el trabajo, sean aún más difíciles de denunciar. En público y ante las instituciones. También me preocupa qué mensaje se da a las mujeres. Si decides no resistirte ante una agresión o entras en 'shock', a tu agresor le pueden rebajar la condena. Si te resistes, puedes acabar asesinada como Diana Quer, o tener suerte y escapar. ¿Cómo podemos defendernos?¿Dónde queda la reparación del dolor?

Manos a la obra

Son días de salir a la calle y gritar. De curar la herida y apoyar a la superviviente de 'la Manada'. Por su valor y porque puede que aún le quede batalla por librar. Hay que ponerse manos a la obra. Parafraseando a la abogada Carla Vall, "deberíamos empezar a promover la idea de que ninguna violencia sexual se puede dar sin violencia o intimidación", además de plantear si es necesario cambiar el Código Penal o la ley -o aplicar sin sesgos machistas las que ya existen-. Debemos exigir que se ponga ya en marcha el pacto de Estado contra la violencia machista, y que no haya fiesta popular o sala de concierto sin un protocolo contra las agresiones sexistas.

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Debemos construir un modelo de relaciones sexoafectivas que sitúen el placer de tod@s en el centro, así como de relaciones sociales que rompan con la creencia que el cuerpo de las mujeres está al servicio del uso y disfrute de los hombres heterosexuales y bisexuales. Los hombres, de una vez por todas, deben empezar a rechazar en sus círculos íntimos actitudes y actos sexistas, incluso las bromas, y dejar de encubrir o disculpar a quienes lo hacen.

Porque esto no va a quedar así.

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