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Dos miradas

 Francisco Javier Corbacho.

Monstruos

Emma Riverola

Por pura estadística, es más que probable que todos nos crucemos en algún momento de nuestras vidas con un abusador, con un violador

Quizá no sea él. Coincide su nombre, su profesión. Y su semblante, después de décadas de no verle, después de los años acumulados en las facciones, ilumina tenuemente un rincón oscuro de la memoria. Esos ojos… Topo con el rostro más de 30 años después. Entonces, todo acabó con una negativa reiterada que él acabó por aceptar. Hoy, alguien que podría ser él, o no, ocupa un espacio en los diarios acusado de violencia sexual. La más prohibida, asquerosa y reiterada violencia sexual, si es que puede categorizarse el horror. Y recuerdas ese día y te preguntas si aquel episodio debió quedar, simplemente, como un lance a olvidar entre dos.

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¿Qué hacemos con los monstruos? Por pura estadística, es más que probable que todos nos crucemos en algún momento de nuestras vidas con un abusador, con un violador. Si somos mujeres, incluso es posible que veamos asomar las garras del depredador sexual. No lo suficiente como para cursar una denuncia, pero sí para advertir que, en aquella insistencia, en aquella mirada, en aquella mano que trataba de retener había una intención que iba mucho más allá que el juego de la seducción.

Al fin, no ocurrió nada que no quisieras, piensas sin darle mucha importancia y sepultas la noche en la oscuridad del olvido. Pero al cabo de 30 años topas con un rostro muy parecido, ya convertido en la cara del monstruo, y te preguntas si aquellos ojos azules que conociste ya eran de acero.

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