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LA CLAVE

Cristina Cifuentes, en la Asamblea de Madrid, en pleno escándalo por su máster fantasma.

Hundidos en la miseria moral

Luis Mauri

El máster fraudulento de Cifuentes puede ser más elocuente para definir el espíritu de la época que tantos millones saqueados por las tramas ligadas al PP

El coronel Alfred Redl escondía un oscuro secreto. Hombre de confianza del archiduque Francisco Fernando, el heredero del trono austrohúngaro, Redl dirigió y modernizó el espionaje y el contraespionaje del imperio en los años previos a la Primera Guerra Mundial.

Pero aquel oficial de aspecto bonachón, a quien el escritor austriaco Stefan Zweig recuerda fumando puros en el café Kaiserhof de Viena, era en realidad un espía de la Rusia zarista. Un año antes de la Gran Guerra, la intercepción de un pago dejó a Redl al descubierto. El coronel se quitó la vida de un tiro con el revólver que dejaron en su habitación los agentes que habían ido en su busca.

"Es mucho más fácil reconstruir los hechos de una época que su atmósfera espiritual. Esta no se encuentra sedimentada en los acontecimientos oficiales, sino más bien en pequeños episodios personales", razona Zweig en El mundo de ayer. Y acude al caso de Redl como uno de esos episodios que moldean el espíritu de una época, el zeitgeistese sin par vocablo alemán. Solo un año antes de que el nacionalista serbo-bosnio Gavrilo Princip asesinara a Francisco Fernando en Sarajevo, Zweig no intuía la guerra. Pero tres décadas después, cuando escribe su autobiografía póstuma, concluye que el caso de Redl ya torneaba el espíritu atroz de la era.

El 'zeitgeist' español

Siguiendo la pauta de Zweig, algunos episodios personales definirían también el zeitgeist de esta España expoliada por la corrupción, descohesionada por la poda del estado del bienestar y convulsionada por la tensión nacionalista. El máster fraudulento de Cifuentes, su desvergüenza y el hachazo a la reputación de la universidad pueden ser más elocuentes que tantos millones saqueados por las tramas ligadas al PP. Y la estampa de Millet cobrando a sus consuegros la mitad de los gastos de una boda que él había endosado íntegramente al Palau de la Música y la de Montull estacionando en una plaza reservada para minusválidos en los juzgados pueden ilustrar la miseria moral de esta época mejor que los 30 millones que ambos robaron en beneficio propio y del nacionalismo catalán de centroderecha.

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