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ANÁLISIS

¿Turull, 'president' la próxima semana?

Joan Tapia

El secesionismo puede formar gobierno pero quizá antes Puigdemont tenga que dimitir

Ayer pasaron cosas que pueden acelerar la elección de un 'president' de la Generalitat la próxima semana. Hubo una confluencia de hechos que pueden ser determinantes.

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El primero es relevante pero de significado incierto. La fiscalía del Supremo –al contrario que en otras ocasiones– pidió la libertad provisional con fianza de Joaquim Fornconseller de Interior en el gobierno destituido por el 155. Pero el fiscal del Supremo solo lo hizo por imperativo legal, obedeciendo una instrucción de Julián Sánchez Melgar, fiscal general del Estado. Dicho en plata, del Gobierno. Se alegan causas humanitarias –un inicio de enfermedad de Forn, que además ya renunció al acta de diputado– pero quizás estemos ante una cierta inflexión gubernamental. Los jueces son independientes y deben aplicar la ley, pero los fiscales tienen un estatus más especial. Las razones humanitarias son claras. Pero las razones políticas (no tensionar más la convivencia) también podrían estudiarse. La justicia es la justicia, pero en un caso político las prisiones provisionales sin fianza y antes de juicio tienen una dimensión política.

El segundo hecho es el realismo de Jordi Sànchez, con hondas raíces en la izquierda catalana, que ha levantado acta de que, al fin y al cabo, no se puede negar la fuerza de la gravedad. En las actuales circunstancias (que le deben parecer oprobiosas) quererle investir president era no admitir la realidad. Es toda una lección para JxCat que ha olvidado que la famosa República –proclamada porque la Generalitat fue un gallinero y la desconfianza entre el PDECat y ERC era máxima– no solo no existe hoy sino que nunca existió. Pese a que hay políticos independentistas que dicen, contradictoriamente, que solo fue una declaración de principios pero que está vigente.

El tercer punto es que el abandono de Sànchez abre la posibilidad de que el plan C pactado por los secesionistas –la investidura de Jordi Turull para la que no hay ningún obstáculo legal– sea realidad en Semana Santa. Hoy la prioridad en Catalunya es que haya gobierno y se den pasos hacia la normalización. La presidencia de Turull no es ni mucho menos lo mejor para Catalunya, pero con el resultado del 21-D podría ser el mal menor.

La CUP, clave

Pero el peligro reside en la fantasía soberanista. Si la CUP no cambia de posición para que Turull sea investido en segunda votación (por 65 votos contra 64), se necesitará la dimisión previa de Puigdemont y Comín. Si dimiten, el fantasma de la República quedará todavía más tocado. Pero no pueden evitarlo porque para el secesionismo sería grotesco que por culpa suya (de Puigdemont y de Comín) no hubiera gobierno. Y además independentista. Claro que Puigdemont preferiría no afrontar la cruda realidad y que Turull saliera elegido (como él en el 2016) gracias a las CUP.

Tendríamos así un gobierno más gris que el de Puigdemont, pero sometido a la misma hipoteca: dibujar castillos revolucionarios y rupturistas en el aire. No sería lo mejor para ERC ni para el PDECat, a los que los electores han dado otra oportunidad. 

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