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IDEAS

En la madrugada del domingo al lunes, las enormes Laura Dern y Greta Gerwig salieron de la mano a entregar un Oscar. Quise escribir esta columna desde que vi esa imagen. Pero como mi artículo se publicaría ¡tres o cuatro días después! me daba miedo llegar tarde. Hasta que caí en que ese miedo a llegar tarde me venía perfecto para contar lo que quería.

En estos días se ha escrito mucho sobre la gala y los premios. De todo lo que se ha dicho, no estoy del todo de acuerdo con las voces que afirman que fueron unos Oscar insulsos y poco reivindicativos. Creo que fue, no sé si de forma deliberada o natural, una gala en sintonía con los tiempos. No fue la ceremonia repleta de discursos reivindicativos que esperábamos. Podría haberlo sido, y habría sido maravilloso. Pero fue una gala tranquila. Eso sí, unos Oscar tranquilos con cuatro o cinco impactos que, para mí, tuvieron tanta fuerza como la ceremonia más justa y necesariamente bulliciosa.

Los Oscar de este año han generado varias imágenes poderosas de un extraordinario valor simbólico

Greta Gerwig y Laura Dern de la mano; Ashley Judd, Salma Hayek y Annabella Sciorra, todas víctimas de Harvey Weinstein (no hace tanto, invitado de honor en los Oscar), presentando juntas el vídeo sobre los movimientos #MeToo y #TimesUp; todas las cineastas nominadas de pie entre el público, animadas por la mujer que dio el discurso de la noche: Frances McDormand; la grandiosa Jennifer Lawrence desacralizando y humanizando a las estrellas de Hollywood al saltar las butacas del Dolby con el vestido remangado y copa de vino en mano... Los Oscar de este año han generado varias imágenes poderosas, icónicas, de extraordinario valor simbólico. Y eso es valiosísimo en un momento en el que –sin entrar en si es bueno o malo– noticia e impacto van de la mano y las imágenes potentes se extienden por la red a la velocidad del rayo.

Igual esta columna ya es pasado y solo tenía sentido sacarla al acabar la ceremonia. O durante. Pero esas imágenes llenas de significado siguen ahí dando vueltas, colándose en nuestras pantallas y en nuestras vidas, y ahí seguirán mucho tiempo. No son los Oscar sinónimo de modernidad, pero, aunque haya sido de forma inconsciente, esta vez han dado en el clavo.

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