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UN NUEVO PANORAMA

El equipo femenino del Movistar, durante un entrenamiento.

Mismo contrato, pero con un cero menos

Sergi López-Egea

Con Joane Somarriba, hace unos años, se perdió una oportunidad que ahora no debe desaprovecharse con iniciativas como las del Movistar

Queda mucho, mucho por hacer. Y, en parte, todos somos un poco culpables de que hasta ahora el deporte femenino y, concretamente, el ciclismo siempre haya pedaleado en una división inferior. Hace unos años hubo una corredora extraordinaria, que se llamaba Joane Somarriba y que fue una versión en chica de Induráin. Pero mientras Miguel ascendía a Alpe d’Huez por una carretera abarrotada de público y con las motos de la televisión francesa retransmitiendo sus proezas a todo el planeta, Joane subía por la misma carretera, idéntico escenario, curvas y dureza, con la única compañía de las vallas protectoras y sin cámara televisiva alguna a su alrededor.

Si a cualquier especialista en ciclismo, entre los que me incluyo, se le hace ahora un examen y se le pregunta que ponga en un papel el nombre de 25 o hasta 50 corredores profesionales masculinos –incluso con la obligación de que no sean españoles—no tardará mucho en llenar la lista. Pero, ¿este especialista sería capaz de hacer lo mismo y llenar el folio con el nombre de 50 chicas? Pues, no.

Los principales equipos ciclistas del concierto mundial, entre ellos Movistar, han hecho un esfuerzo enorme para incorporar a sus filas a las principales corredoras. Llevan los mismos cascos, zapatillas iguales, idéntica calidad de ropa, bicis de altísima gama y comparten programas y asesoramiento en los entrenamientos. Pero, ¿los sueldos? Podríamos decir, con ironía, que son los mismos pero con un cero menos, aunque seguramente el contrato de Lieke Martens, la figura del Barça femenino, dista mucho del futbolista del primer equipo azulgrana peor pagado.

Primero las chicas, después los chicos

El nuevo ciclismo femenino comienza a pedalear y a buscar la escapada de la que habla Mónica Marchante. Pero todavía está a años luz del masculino. Ellas, por ejemplo, corren la Strade Bianche, el pasado sábado, e igual harán en la mayoría de clásicas como el Tour de Flandes o la Lieja-Bastoña-Lieja. Pero aún son algo así como los teloneros que preceden a los  astros de la música en los grandes conciertos. Ellas actúan primero y, aunque ya empiezan a captar la atención de la televisión, llegan a la hora de la comida o cuando el público se comienza a instalar en la meta para buscar una buena posición y no perderse el esprint final de los chicos.

Todos somos culpables, los periodistas por no sabernos la mayoría de sus nombres y, sobre todo, por no hacerles caso estos últimos años. Perdimos una gran oportunidad con Joane Somarriba o Dori Ruano, otra gran pionera. Y, hay que reconocerlo; todavía nos cuesta ir a verlas cuando compiten en los Campos Elíseos o el Paseo de la Castellana antes de que finalicen el Tour o la Vuelta. El próximo domingo, día 25, ellas competirán en Montjuïc antes de que los chicos sentencien la Volta. Que el gesto de este jueves no quede en el olvido. Si nos gusta el ciclismo, no esperemos a aplaudir a los astros masculinos. Que ellas sientan a media mañana el calor del público en Barcelona. Será el primer reconocimiento.

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