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El tiempo de ocio en el siglo XXI

Si podemos reservar un tiempo para hacer un poco de limpieza mental, ganaremos libertad

Fue en el Vall de Boí, hace unos meses. Había llegado con la sensación de un 'galet' en una olla a presión, en el momento en que hierve el agua y la tapa comienza a agitarse peligrosamente y el silbato empieza a sonar. Hacíamos una excursión con unos amigos y mientras ellos seguían montaña arriba yo decidí tumbarme sobre la hierba, me escondí el móvil, no saqué el libro de la bolsa y me obligué a distraerme, a mirar el horizonte, el cielo tan claro, los movimientos imperceptibles de la naturaleza imponente que tenía delante.

Agradecí enormemente recuperar los beneficios del aire puro, de ver sin mirar. Habíamos pasado unos días convulsos -el 'otoño catalán' lo llaman, que nos ha llevado al invierno y quién sabe si hasta la primavera- y necesitaba una especie de operación limpieza de ruido de sables, manifestaciones multitudinarias, imágenes de violencia, mezclas de emociones, sentimientos y razones, y una sensación de frustración y desconcierto. Necesitaba dejar espacio para la escucha, callando; necesitaba darme espacio para la compañía, sintiendo el vacío. Me pasa a menudo, que siento esta necesidad de vaciar la mente de estímulos externos y de mis propios recuerdos que no me dejan ni a sol ni a sombra. Como no he conseguido engancharme a las diversas técnicas de meditación que están en boga necesito salir al aire libre para hacerlo.

Precisamente estos días estoy leyendo 'La vida secreta de la pregària', de Francesc Torralba (Angle, 2016) en el que da un paso más, con la claridad expositiva que le caracteriza, y alerta también sobre la necesidad de hacer limpieza para hacer espacio, de silenciar las voces externas e internas antes de podernos poner a escuchar la palabra de Dios. Pese a lo que dice el tópico, orar va mucho más de escuchar que de pedir. Y escuchar también es mirar qué pasa a tu alrededor. Le decía el escritor Paul Auster a la periodista Anna Guitart el otro día en 'Tot el temps del món' que una de las ventajas de la escritura es que para poder fijar tu pensamiento tienes que estar muy atento a lo que pasa a tu lado y al mismo tiempo tienes que coger una cierta perspectiva para encontrar las palabras adecuadas para explicarlo. Decía que por ello necesita cierto aislamiento, cierta calma, un entorno adecuado para escribir.

El escándalo de la desigualdad

Darse tiempo para no hacer nada es un reto cuando parece que todo el tiempo se tenga que llenar 'necesariamente'. Un clásico de las trasiegos de la Navidad en el caso de los niños. La cantidad ingente de regalos que reciben muchos de nuestros niños contrasta duramente con las posibilidades que tienen de disfrutarlos y con el escándalo de la desigualdad que evidencia respecto de otras familias, de otras comunidades. Pero no es solo que este comportamiento sea antisocial, sino que es contraproducente para ellos mismos. No sé si ellos tienen tanto 'ruido' como nosotros, pero seguro que les tenemos que dejar espacios para la creatividad de manera natural, no solo el día que no les hemos programado nada y nos salen con el típico "me aburro" . Ya sé que muchas veces les ocupamos todo su tiempo, que en realidad es el nuestro, porque las largas jornadas laborales de muchos padres inevitablemente condicionan las suyas.

Ya sé que la vida es suficientmente complicada como para tener que ir contracorriente continuamente, pero me gustaría que les pudiéramos regalar un poco más de espacio de libertad. Me vienen a la cabeza tres ejemplos: fiestas infantiles que no estén presididas por bandejas uniformizadas con la merienda, clases de música que despierten más la pasión por lo que escuchan que la preocupación por saber leer las notas (no lo digo yo, lo decía recientemente la gran Dolors Bonal en 'Catorze': "La música no se debe enseñar, se tiene que vivir"), y contagiar la pasión por la lectura leyendo por el placer de leer, sin buscar fines instrumentales y predicando más con el ejemplo que con la palabra.

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Ya sé que es lo que llamamos un "problema de ricos", pero es cierto que uno de los lujos del siglo XXI es poder elegir a qué dedicas el tiempo. Por eso, si podemos reservar un tiempo para, precisamente, no ocuparlo, para hacer un poco de limpieza mental, ganaríamos libertad. Creo que tenemos que poder reivindicar el valor de aburrirse, de expresamente no hacer nada, porque este será el espacio donde se formulen las preguntas que en el día a día rehuimos, o no nos quede más remedio que recurrir a la imaginación para distraernos. No puedo evitar preguntarme, sin embargo, cómo es el tiempo de los que disponen de todo el tiempo del mundo porque han sido privados de su capacidad de decisión... Nosotros que podemos, aburrámonos un poco más y quizá daremos mucho más valor a aquello con lo que llenamos nuestro tiempo.

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