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Al contrataque

Tras oír a Zoido, empiezas a visualizar a Puigdemont en posición fetal, dentro de un maletero, recorriendo la Diagonal


El ministro del Interior ha revelado que las fuerzas de seguridad están realizando seguimientos sobre Carles Puigdemont. Es algo que todos podíamos prever, pero no sé si es un asunto sobre el que se deba de abundar públicamente, con alegría y salero. Se ve que Juan Ignacio Zoido cree que sí, porque nos ha dado unos cuantos detalles. Asegura que los trabajos se orientan a impedir que el 'expresident' de la Generalitat «pueda cruzar la frontera en helicóptero, en barco o en un maletero de un coche». No contento con eso, el ministro dice que la Guardia Civil cubre la frontera de España «dentro y fuera». Y por si eso fuera poco, ha contado las limitaciones con las que cuentan los agentes: hay demasiados caminos rurales y vías de penetración. Y luego ya, el remate: «Se ha diseñado un dispositivo para que eso no pueda pasar». 

Es el 'Ministerio de Gila'. Bueno, ya le gustaría al ministerio. Pero vamos, explicar públicamente cuál es la estrategia que están siguiendo las fuerzas de seguridad es inaudito. Y decir que están haciendo lo posible para que Puigdemont no cruce la frontera, es bastante temerario. Porque eso mismo dijeron el 9-N, que no habría referéndum, y la gente votó. En cajas de cartón, pero votó. 

Lo mismo dijeron con el 1-O, que no habría referéndum, y la gente votó. En urnas de verdad, con cargas policiales, con unas limitaciones tremendas y sin garantías legales, pero la gente votó. También nos dijeron que convocaban elecciones con el artículo 155 y que no contemplaban un nuevo gobierno de independentistas y los resultados son los que son. Entonces, hombre, con esos antecedentes, lo mejor que podría hacer el ministro es trabajar más y hablar menos. Porque es oírle y visualizar a Puigdemont en posición fetal, dentro de un maletero, recorriendo la Diagonal. 

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Zoido ha declarado también que en el Gobierno están «muy preocupados». La verdad es que no me extraña. Porque el Ministerio del Interior a veces parece un sainete. Uno, porque lo cuenta todo. Olé. Otro, no conviene olvidarlo, porque recibe a investigados en su despacho pocos días antes de su detención. Olé, olé. Y por último, el otro, el que ejerce como director general de Tráfico gracias a la wifi de su casa de Sevilla. Olé, olé y olé. Sería deseable que aquello no parezca una verbena permanentemente. 

La lección de Puigdemont

Pero llegados a este punto, yo me conformaría con que no nos retransmitan lo que hacen, cómo, dónde y a qué hora los miembros de las fuerzas de seguridad. Que cuenten todos hasta diez mil, como recomendó Gregorio Serrano, antes de meterse en harina. Y que aprendan de Puigdemont, que no le dijo a casi nadie que se iba a Bruselas –y vaya si se fue–, y no nos está contando cómo piensa volver
 

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