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LA CRISIS CATALANA

Oriol Junqueras, en una imagen de archivo.

GABRIEL BOUYS (AFP)

45.000 en Estremera

Andreu Pujol Mas

Quizá algunos se van a dar cuenta de lo que está pasando en Catalunya, si como pedía Gabriel Rufián, ponemos a 45.000 personas rodeando la cárcel de Estremera igual que llenamos Bruselas

Ahora ya tenemos por seguro que Oriol Junqueras continuará en prisión preventiva de forma totalmente injusta. Digo “por seguro” porque varios periodistas de Madrid ya lo publicaban antes de que el político se pudiera defender delante de los magistrados del Tribunal Supremo y de que estos emitieran una resolución, dando todo esto la sensación de ser una farsa con el guión escrito previamente. Y digo “injustamente” porque la Sala del Supremo reconoce que “no consta que [Junqueras] haya participado ejecutando personalmente actos violentos concretos” ni tampoco se puede afirmar que “diera órdenes concretas en tal sentido”, sino que lo que se hace es una interpretación imaginativa del delito de rebelión por el que todavía no ha sido ni siquiera condenado.

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Es así como se crean los presos políticos, aquí y en la China Popular, ya sea a través de un ordenamiento jurídico explícitamente intolerante o a partir de la lectura deformada de unas leyes redactadas con otra intencionalidad. Mientras sabíamos que Junqueras no podría pasar la noche de Reyes con sus hijos, nos enterábamos de que Iñaki Urdangarín se lo pasaba de rechupete paseando por Vitoria y por Roma acompañado de su familia, a pesar de haber sido condenado por su poca consideración con el erario público de su amada España. No veremos rojigualdas agitándose con indignación por ese motivo, pese a ser esa una verdadera traición a la patria, y el principal problema de la noche de Reyes no era que un hombre justo fuera privado de su familia, sino que una drag queen traumatizara a los niños del barrio de Vallecas.

Lo que está pasando en Catalunya debería despertar el temor y la indignación de cualquier demócrata peninsular, pero es tolerado -incluso espoleado- en nombre de la bandera. Quizás algunos se van a dar cuenta si, como pedía Gabriel Rufián el viernes pasado, ponemos a 45.000 personas rodeando la cárcel de Estremera igual que llenamos Bruselas.

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