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análisis

Vicepresidente por un día

Antón Losada

Rodrigo Rato, condenado por apropiación indebida, presunto defraudador, denigrado banquero y desacreditado político, rescató el empaque de aquel vicepresidente del milagro económico de la era Aznar para comparecer ante el Congreso por la pesadilla económica que vino después. Reapareció aquel político firme y contundente en el relato de sus méritos y sus señorías padecieron en sus carnes de nuevo la furia dialéctica del parlamentario feroz que fue.

Sus treinta años de militancia en el PP se revelaron en una actitud que parece formar parte del ADN de los gestores populares: la culpa siempre recae en los demás. Sea una crisis económica, la corrupción o una nevada, los altos cargos de los gobiernos de la derecha, los presida Aznar o Mariano Rajoy, nunca tienen nada que reprocharse y siempre se reivindican como víctimas de una conspiración de la oposición, de sus compañeros de partido, de los medios, de la policía, de los jueces o incluso de la meteorología.

Como era de esperar culpó a Rodríguez Zapatero de la crisis y obvió cualquier responsabilidad en el inflado de la burbuja inmobiliaria y crediticia, alimentada con sus políticas que, bajo la falsa bandera del capitalismo popular, encubrieron la descapitalización del sector público y favorecieron las privatizaciones más opacas y especulativas contempladas por una economía europea. De su paso por el FMI solo recuerda que carecía de medios suficientes para impedir que la basura inundase las plantas nobles de las entidades financieras. Hasta aquí nada fuera del guión. La noticia saltaba en su relato del rescate de Bankia.

Por supuesto la culpa seguía sin ser suya. La novedad ahora es que la culpa recae en el PP. Con la convicción de sus mejores tiempos de zar económico, Rato relató como en torno a Bankia, el resultado de las fusiones de las cajas controladas por los populares, se desató en el PP una cruenta y destructiva guerra por el poder y el control político de la entidad llamada a ser el buque insignia de su poder económico; valía todo con tal de echarle de la presidencia, incluso hundir la entidad.

Como buen estratega, Rato evitó señalar a Rajoy para no provocar a un adversario a quien sabe no puede vencer, pero no tuvo piedad para ajustar cuentas con Luis de Guindos, a quien trató con el desprecio reservado para los empleados desleales que se han pasado a la competencia o los hijos políticos que trabajen para el enemigo.

El ministro De Guindos ya se ha apresurado a declarar que no va a entrar en polémica. Los ciudadanos que pagamos el rescate con nuestros impuestos, los clientes de Bankia que lo pagaron con su dinero y los trabajadores de la entidad que aun lo pagan con sus trabajos y su salud tampoco queremos polémicas. Pero sí exigimos las explicaciones que aún se nos deben por esta guerra civil Popular de filtraciones, hechos alternativos, auditorías amañadas, informes trucados y usos y abusos del poder que nos ha acabado costando 40.000 millones de euros.

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